A propósito de las estadísticas

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Hubo una cosa que, desde que era debatiente de competición en mis tiempos de universidad, me he tomado muy en serio. Siempre le di demasiada importancia a las estadísticas. Pero no a las estadísticas “vomitadas”, si no a las estadísticas “cocidas a fuego lento”. Hoy en día se publican gran cantidad de datos en esta sociedad de la información. Todos (especialmente periodistas), quieren retratar la realidad de la forma más acertada. Pero a veces los números esconden trampas. Existen numerosos ejemplos para ello y, por desgracia, son en temas muy delicados.

¿Sabía que se ha dedicado más tiempo y espacio al asesinato de Mari Luz que al terremoto que asoló Haití en la primera década de siglo XXI? ¿Que en Google las noticias sobre la niña de cinco años asesinada en Huelva en 2008, quintuplican a las relacionadas con el genocidio de Darfur? Nos afecta más una muerte cercana que 10.000 lejanas. ¿Cómo es que prestamos tan poca atención a las tragedias que asuelan actualmente África y Oriente? Por ejemplo, en el seísmo de Haití donde fallecieron 316.000 personas, 350.000 heridos y 1.5 millones de personas sin hogar; hubo seguro entre las víctimas miles de niñas pequeñas, pero ninguna ha tenido rostro y padres, a diferencia de la pequeña Mari Luz. Tendríamos que anotar la frase atribuida a Stalin que decía aquello de “la muerte de un hombre es una desgracia, y la de millones es simple estadística”. Cuando los números son enormes, la gente tiende a ver su posible esfuerzo como una gota en el océano y opta por la apatía.

Las estadísticas sobre delincuencia, pobreza, personas sin hogar, paro, toxicomanía, inmigración, riesgos derivados de sustancias tóxicas, acoso sexual -en realidad, cualquier asunto relacionado con el sexo-, son escandalosamente sospechosas. Sin parecer insensibles, voy a hablarles a ustedes únicamente de errores estadísticos que se cometen habitualmente, sin entrar en sus propósitos.

Por ejemplo, ¿cuántos pobres hay en Estados Unidos o en España? Pues depende de lo que consideremos “pobre”. La pobreza  puede considerarse como el que tiene escaso patrimonio, pero también quien recibe escasos ingresos. Teniendo en cuenta esto último, la Oficina del Censo Americana proyecta subir dicha consideración de “pobre” de 16.600 a 19.500 dólares anuales (para una familia de cuatro miembros). Si esto ocurriese, de la noche a la mañana habría doce millones de pobres más.

En una noticia aparecida nos dice: “la mitad de los delitos lo cometen los inmigrantes”. Esto, que a priori puede ser verdad, no está exento de distorsión, pues los delitos de extranjería sólo pueden cometerlos inmigrantes, y ningún nativo.

Otras de las veces, se utilizan cifras erróneas sin mala intención: son los datos más precisos de que se dispone, aunque todo el mundo sabe que son cálculos aproximados. Y es que, la existencia de instrumentos estadísticos no implica necesariamente la veracidad de las cifras obtenidas. En el comercio ilícito de drogas, nadie tiene idea de su volumen, aunque generalmente se manejan números del orden de miles de millones de dólares. En una ocasión, Mitch Snyder, el desaparecido activista en favor de las personas sin hogar, reconoció que las cifras que él mismo utilizaba no tenían fundamento: “Hemos intentado satisfacer vuestra irresistible curiosidad por el número [de personas sin hogar] –dijo ante una comisión del Congreso-, porque somos norteamericanos, occidentales de mente estrecha, y tenemos que cuantificar todo lo que vemos, podamos o no”.

En otros casos, el medidor no es acertado. Por ejemplo, si se quiere medir el bienestar, la medida adecuada es el consumo, no la renta. No son lo mismo, especialmente entre los pobres. La tasa de pobreza nos dice cuántas personas tienen ingresos bajos, no qué pueden comprar. Y esto es porque muchas personas perciben ingresos complementarios a través de la asistencia social, vales canjeables por alimentos, subsidios de paro, atención médica gratuita, subvenciones directas y otras ayudas, que las estadísticas no contabilizan.

Sin embargo, para medir la riqueza, el mejor indicador es, probablemente, el patrimonio. Y las estadísticas de riqueza no tienen en cuenta el patrimonio, que puede ser más importante que los ingresos corrientes. Los trabajadores en paro temporal no perciben salario, pero en muchos casos disponen de ahorros. Aunque muchos pensionistas tienen ingresos bajos, cuentan con ahorros, y sus casas, coches y muebles suelen estar pagados.

No es un problema únicamente de instituciones nacionales. El uso de datos endebles por parte de la ONU y otros organismos internacionales “es sencillamente escandaloso”, dice T. N. Srinivasan, especialista en economía del desarrollo, de la Universidad Yale. “La obsesión por publicar números, haciéndolos pasar por medidas objetivas para un país y un año dados, cuando en realidad son a lo sumo proyecciones, parece haberse impuesto a la sobria valoración de la calidad de los datos disponibles“.

Sin duda, la medida de los progresos y los fracasos es uno de los problemas más complicados del negocio del desarrollo. En los países más pobres, medidas tan claras como el producto nacional bruto resultan irrelevantes, pues allí la economía sumergida representa el grueso de la producción total.

En otros muchos países ni siquiera hay censo de población, que es la medida más básica en demografía. Según el Fondo de la ONU para la Población, 22 de los 180 países menos desarrollados no han hecho censo desde 1975. Nueve de ellos no lo han hecho nunca. Más que nada, porque no tienen medios para hacerlo.

Es más, algunos datos que damos normalmente como ciertos, no suelen ser exactos. Tuve la suerte de asistir en Sevilla a un coloquio del demógrafo francés Gérard-François Dumont, en el que nos abrió la mente sobre las predicciones demográficas. Éstas se fundan sobre una base estadística original cuya fiabilidad es, cuanto menos, relativa.

El mundo tiene alrededor de 200 países, pues tampoco de esto podíamos considerar “número exacto” debido a la ambigüedad que el término “Estado” comprende. Dejémoslo en 200. Nuestro planeta tiene ¿7.500 millones de personas?La existencia de instrumentos estadísticos no implica necesariamente la veracidad de las cifras obtenidas. Por ejemplo, los resultados demográficos anunciados por China (1.400 millones de personas según parece), siguen siendo en gran medida informaciones políticas que habría que contrastar mejor. En el este del gigante asiático, aún viven muchos chinos que no han sido contados porque, sencillamente, se supone que viven en mitad del Himalaya, en el que el acceso para censar personas es sumamente difícil. Igualmente, la calidad de los datos procedentes de la India varía mucho según las regiones. De hecho, podríamos decir que India es un caos estadístico. Similares reservas pueden aplicarse a Pakistán y Bangladesh. Estos cuatro países, que agrupan -según se estima- el 42% de la población mundial, resumen por sí solos la relatividad de los datos disponibles. Y nadie se preocupa que Vietnam dice tener 90 millones de habitantes.

-64 países, es decir, el 31%, disponen de estadísticas completas del registro civil (nacimientos, bodas, muertes…) y de resultados de un censo nacional organizado al menos cada diez años, o de un registro permanente de población. Esa cifra de 64 países es en realidad un dato geográfico que resulta menos favorable desde el punto de vista político. Incluye también territorios -como departamentos franceses de ultramar- pertenecientes a un conjunto político más amplio que dispone de una estadística demográfica de buen nivel. Es decir, podíamos considerar que 64 países tienen estadísticas fiables.

-La mitad de los países del mundo disponen, o de un Registro civil o de un censo cada diez años.

-En 26 países hay al menos un censo, un estudio o un empadronamiento disponible. Pero desde hace más de diez años. En esta categoría se encuentra Zaire, que se supone que es el tercer país de África por su población (42,5 millones).

-Y se sabe, como ya hemos escrito, que en 9 países no ha habido nunca una información demográfica completa. Los datos referidos a ellos son resultados de informes fragmentarios o de modelos demográficos. Estimaciones. Esta categoría comprende: Afganistán, Angola, Bután, Camboya, Corea del Norte, Eritrea, Gabón, Sahara occidental y Líbano.

Esto sugiere algunas reglas para todos, como desconfiar de los datos provenientes de fuentes interesadas. O dejar claro que el número que se acepta es sólo una estimación y, si luego resulta ser erróneo, reconocerlo. Pero también los lectores deben guardarse de exactitudes espurias, inflación manifiesta y la persistente tendencia de muchos a exagerar. La gente que intenta influir en los asuntos públicos tiene una fuerte inclinación a pensar que el fin justifica los medios. Cualquiera que sea el poder de la información en general, cuando se trata de matar gente, la pluma es ciertamente más poderosa que la espada.

 

Bibliografía

 

http://www.minutodigital.com/noticias/2010/06/30/aragon-la-mitad-de-los-delitos-son-cometidos-por-extranjeros/

Extraído de: Michael Cox, economista de la Reserva Federal, y Richard Alm, periodista, en The Wall Street Journal, 10-XI-99.

http://www.redtercermundo.org.uy/tm_economico/texto_completo.php?id=1686

http://www.unfpa.org/public/

http://www.fundacionspeiro.org/verbo/1996/V-341-342-P-198-199.pdf ” El festín de Cronos: el futuro demográfico de Europa”.

 

Alberto Barco Moreno

Córdoba, España. Diplomatura en Ciencias Empresariales, Licenciatura en Administración y Dirección de Empresas, Máster en Dirección Estratégica, Máster de Investigación en Ciencias Sociales. Ámbito de Interés: Economía y felicidad. Ex – debatiente y entrenador de equipos de debate de competición.

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