La Primera Guerra de la Historia

La guerra es y ha sido siempre una constante en el desarrollo de la historia desde nuestros más antiguos orígenes.  En los diferentes estudios que se han realizado sobre ella podemos encontrarnos con muchos y variados argumentos en cuanto a su naturaleza, los cuales van  desde una consecuencia inherente a la naturaleza humana hasta la clásica definición de Clausewitz como “una continuación de las relaciones políticas, proseguidas con otros medios”. A continuación,  como forma de aproximarnos a una visión más amplia de este fenómeno,  nos remontaremos a los orígenes documentados que existen, es decir, a la primera guerra documentada de la historia, ocurrida en Mesopotamia hace aproximadamente 4.500 años: La guerra entre las ciudades-estado de Lagash y Umma.

Mesopotamia, región que coincide en su mayor parte con el actual Irak, es el nombre geográfico con el que nos referimos a los territorios comprendidos entre los ríos Tigris y Eúfrates. Las posibilidades que otorgaban las crecidas de dichos ríos en verano, y sus límites, al oeste y al sur con el desierto, al este con la cordillera de los Zagros y al norte con los monte Tauro, que delimitaban y protegían la zona de invasiones, proporcionaron un marco perfecto para el desarrollo de la que es la primera civilización de la historia: Los Sumerios.

La civilización sumeria, la cual fue desconocida para los historiadores hasta principios del siglo XX, es anterior en varios siglos a las antiguas civilizaciones de Egipto, del valle del Indo y de la cuenca del río Amarillo en China, fechándose su surgimiento alrededor del año 3.500 a.C. Los sumerios se establecieron en la Baja Mesopotamia y se organizaron políticamente en diversas ciudades-estados, a las cuales se asociarían territorios rurales que se agrupaban en torno a dichos núcleos urbanos. En este contexto, en torno al 2.500 a.C, nos encontraremos con el primer conflicto bélico documentado de la historia: la guerra entre las ciudades-estado de Lagash y Umma.

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Región de Mesopotamia

En una región en la que la economía se sustentaba principalmente en la irrigación, los terrenos más prósperos eran lógicamente muy codiciados. El ascenso y la prosperidad de Lagash y Umma en el escenario geopolítico sumerio les llevo pronto a luchas fronterizas por el control de territorios de relevante importancia. Las disputas fueron inicialmente resueltas por el arbitrio del rey de la ciudad de Kish, quien ostentaba el poder religioso y la soberanía formal sobre las ciudades de Sumer, y que trazó los límites fronterizos entre ambas ciudades-estado, que quedarían marcadas con la estrella de Mesilim. Dicha solución, que inicialmente fue acatada por ambas partes en litigio, fue pronto violada por Umma, que alegando que Lagash había sido favorecida en dicha decisión, cruzó la frontera y comenzó a apoderarse de los territorios que consideraba legítimamente suyos. Dichos terrenos permanecieron bajo el control de Umma durante un periodo hasta que Lagash, rearmada, derrotó militarmente a los ummaítas imponiendo nuevas condiciones en cuanto a los límites fronterizos se refiere. Lagash exaltó su condición de vencedora y la condición de Umma de vencida y culpable de la guerra. Como consecuencia de ello, no solo penalizaría territorialmente a Umma , sino que además impuso un elevado tributo, asignándose una parte de las cosechas de las gentes de Umma como compensación. Con el añadido objetivo de ensalzar dicha victoria, Lagash creó un foso en la nueva frontera acordada y colocó en dicha posición la antigua estrella de Mesilim para que desde Umma se recordase la derrota.

Para la vencida Umma, su orgullo tardaría solo una generación en levantarse contra el tratado firmado y las condiciones impuestas por el bando vencedor. Alzándose contra Lagash, volvieron a sucederse enfrentamientos y contiendas con resultados poco claros y victorias efímeras, hasta la aparición de los dos personajes de mayor relevancia en dicha guerra: Urukagina de Lagash y Lugalzagesi de Umma. Urukagina destacó por su programa de reformas y su código legal, el primero registrado en la historia, que lo asocian al concepto de “rey justo”, convencido del sistema de ciudad-estado, enfrentado a los intereses y los abusos de las élites. Lugalzagesi por su parte se consolidó como caudillo militar fuerte, expansivo y carismático, capaz de levantar a Umma y desafiar las imposiciones de Lagash. El poder militar y la ambición del caudillo de Umma, quién unió a varias ciudades en su lucha contra su histórico enemigo, terminaron por derrotar a Lagash, acabando con la primacía de dicha ciudad-estado y con la posibilidad de que la reforma de Urukagina se desarrollase.

A pesar de la victoria y de la situación en la que Lugalzagesi de Umma quedaba como poder predominante de Sumer, la guerra había dejado las tierras de los sumerios exhaustas, lo que fue aprovechado por sus vecinos del norte, los acadios, liderados por Sargón de Acad, invadiesen la Baja Mesopotamia y derrotasen a Lugazagesi. De esa forma, nos encontramos con el primer gran imperio mesopotámico, el Imperio Acadio, finalizándose así el dominio de las ciudades-estado sumerias en la Baja Mesopotamia e iniciándose un nuevo orden en su historia, marcado por el dominio de los Imperios.

Imperio Acadio

La guerra entre Lagash y Umma, la conocida como primera guerra de la historia, es muy ilustrativa y nos deja ver como desde que tenemos testimonios escritos, muchos de los factores y hechos ocurridos en los conflictos bélicos se han ido repitiendo a lo largo de la historia desde su mismo origen: la ambición por controlar unos territorios productivos y fértiles que garantizan riquezas a quien los posea; instituciones que, por su superior jerarquía internacional, se erigen como árbitro de disputas entre bandos que en el fondo no respetarán sus decisiones si no les favorecen; la humillación y el abuso por parte de los vencedores con los correspondientes negativos efectos que pueden tener en la consecución de una duradera paz futura; reformas esperanzadoras que se las lleva la guerra; la regionalización del conflicto, y los nuevos ordenes tras el final de la guerra, no siempre favorable a lo que los bandos iniciales esperaban.

Dilucidar si la guerra es inherente a la naturaleza humana o es una construcción cultural es algo en lo que ni los más expertos en la materia se ponen de acuerdo, pero lo que sí podemos concluir es que, desde la primera guerra de la historia, aparte de los progresos tecnológicos que solo han aumentado su poder de destrucción, el ser humano no ha evolucionado tanto como la sociedad actual se piensa.

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Bibliografía:

SAMUEL NOHAR KRAMER (1985). La historia empieza en Summer. 39 testimonios de la Historia escrita

HARRIET CRAWFORD (2004). Sumer and the Sumerians

MANUEL MOLINA (1995). Las reformas de Urukagina.

MIGUEL A. SERRANO MONTEAVARO (2012). John Keegan. La guerra distinta y distante. Instituto español de estudios estratégicos

 

Javier Muela Morillo

Sevilla, España. Licenciado en Derecho y en Ciencias Políticas por la Universidad Pablo de Olavide, Experto en Evaluación de Políticas Públicas, por el Centro de Formación Permanente de la Universidad. Ámbito de Interés: Historia, Políticas Públicas, Sistemas electorales, Geopolítica, Derechos Humanos. Creo que gran parte de las situaciones de la vida real pueden compararse con algún momento de Los Simpsons.

2 Comments

  • Responder octubre 28, 2017

    Jose Antonio Castillo

    Se debe buscar causas mas profundas como puede ser la intervencion de tribùs caucasicas y recursos tecnicos pudo ser la rueda

  • Responder diciembre 9, 2017

    Oscar384

    El sumerio es la lengua de la antigua Sumer, que se habló en el centro-sur de la antigua Mesopotamia (IV milenio a.C).

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