Miedo a que despierte el gigante negro. Foreing Direct Investment en Africa Austral

leon

En post anteriores se ha tratado de forma superficial el hecho de que aumenten las entradas de inversión extranjera en muchos países africanos. Ya se planteó anteriormente el caso particular de Nigeria. Desde una visión más académica son pocos los autores que se han parado a estudiar la relevancia de estos flujos.

El continente africano, por sus características naturales y por la situación político social en la que queda en pleno siglo XXI se está convirtiendo en la salida natural de la inversión extranjera. “Natural” porque en un 90% sigue  siendo territorio virgen de explotación, y “extranjera” por la escasez de autonomía y capacidad de inversión propia por las empresas africanas. A pesar de este escenario, son muy escasos los trabajos que se han realizado sobre la influencia de los flujos de inversión extranjera directa o foreing direct investment (FDI en adelante).

¿Qué entendemos por FDI?

En los años 80, se produce una sequía inaudita en el mercado de créditos por parte de la banca comercial, ello obligó a las economías más desarrolladas a eliminar restricciones comerciales y aduaneras y abrir el comercio a la entrada de inversión de otras “nacionalidades”. Es lo que se conoce como FDI, en español se suele denominar como IED “Inversión exterior directa”. El contenido de estos tipos de flujos económicos depende en gran medida de la clasificación en subgrupos de esta inversión. Así la definición más generalizada es la que proporciona el fondo monetario internacional (FMI) que dice:

“La inversión directa constituye la entrada neta de de inversiones para obtener un control de gestión duradero (por lo general, un 10% o más de las acciones que confieren derecho de voto) de una empresa que funciona en un país que no es el del inversionista. Es la suma del capital accionario, la reinversión de las ganancias, otras formas de capital a largo plazo y capital a corto plazo, tal como se describe en la balanza de pagos. Esta serie refleja el neto total, es decir, la IED neta en la economía informante proveniente de fuentes extranjeras menos la IED neta de la economía informante hacia el resto del mundo. Esta serie refleja las entradas netas en la economía informante y se divide por el PIB. Datos en US$ a precios actuales.”[1]

Esta definición que hace el Banco Mundial  parece más la explicación de una partida contable en la que explica qué se debe entender por Inversión exterior o extranjera directa en una empresa, aunque extrapolada en términos macroeconómicos y comparada con el PIB, pueden determinar la entrada de inversión exterior que se produce en un país.

Si bien es una definición muy técnica ayuda a entender la metodología usada en los países y por parte de los propios organismos “guardianes” como el FMI o el Banco Mundial para contabilizar estas entradas. Sin embargo otros autores hablan de flujos de inversión como toda fórmula de interrelación económica y financiera que desde una empresa de un país A se hace a otro país B, incluyendo actividades tan distintas como la actividad aseguradora de un proyecto hasta el turismo  como forma de exportación. Tras ver dos definiciones tan distintas nos hacemos una idea de qué se entiende generalmente por FDI. Un ejemplo ilustrativo podría ser la actividad expansiva de una empresa de tratamiento de la piel de Ubrique que decide crear una empresa análoga en Marruecos Ubrique Marroq SL donde localiza sus fábricas. Se entiende que esta entidad nueva creada en Marruecos ha supuesto la entrada de capital extranjero en el país (desde Ubrique (España) a Marruecos). Pero ¿conlleva también la apertura de estas fábricas un reporte económico a Marruecos o es una forma de explotación de los recursos del país menos controlados? ¿Son las FDI simplemente la explicación técnica de fenómenos de deslocalización invasiva? Frente a estas preguntas lógicas que genera el hecho más simple de comercio internacional son pocos los estudios académicos sobre las consecuencias de estos fenómenos.

Actualmente, existe una idea generalizada entre las empresas de infraestructura e inversión (hablo concretamente de estas empresas porque tienen como “core bussiness” la ejecución de proyectos de gran calado que implican inversión de organismos internacionales o estatales) de que se está produciendo una inyección de capital mediante préstamos y fondos multilaterales en muchos países africanos, lo que conlleva un mercado potencial para empresas que funcionen ofertando en licitaciones públicas y a todas aquellas  que exporten y funcionen como proveedores de estas primeras. Antes de que comenzara la crisis económica, un Informe de la UNCTAD en 2007 sobre los flujos de FDI internacional,determinó que fue a parar a África un 36% de los flujos, y que en su mayoría  estos flujos se dirigían a países del África Subsahariana. En 2014, el  mismo informe de la UNCTAD (United Nation Conference on trade and Develpment) concluía con un resultado muy similar seis años más tarde y pasando por una crisis económica mundial: el norte de África recibe en 2013-2014 15,5 billones de dólares, Marruecos y Mauritania atraen a más de 3 billones de dólares cada uno.

Sin embargo, ¿Es toda la inversión exterior directa igual? ¿Qué entendemos por flujos directos de inversión o FDI? ¿Hablamos de inversión o de explotación y expolio? Existen pocos trabajos al respecto y escasa es la literatura sobre qué se entiende de forma generalizada como FDI. El trabajo de Nomathenga Mlanga y Garrick Blalock puede bien ser uno de los proyectos más completos de investigación sobre la existencia (o no) de flujos de inversión hacia África y sobre los resultados de estos flujos. Voy a tratar de resumir algunas de las principales conclusiones a las que llegan los autores citados.

En su estudio, N.Mlanga y G.Blalock plantean dos hipótesis fundamentales de las que trataremos de dibujar las conclusiones:

–     ¿Son las mismas causas las que rigen la entrada de FDI en el Norte que en Sur de África?

–     ¿Hay patrones o tendencias que expliquen la dirección de las FDI al SDAC?

Con respecto a la primera cuestión; aparentemente las causas que pueden mover la dirección de estos flujos de inversión suele estar relacionada directamente con la riqueza del país, tanto en su cuantificación a través del índice del Producto interior bruto PIB o en la potencial riqueza por recursos naturales. Sin embargo no siempre, estas causas son las que motivan la existencia o no de flujos y la dirección de estos, existen otros factores indeterminados que muchos autores denominan el factor “riesgo país” y cuyo manejo y control puedo librar a las compañías de muchos disgustos y la cobertura anticipada de riesgos potenciales que sin un estudio de estos elementos de “riesgo país” pueden convertirse en siniestros inevitables.[2]

Con respecto a la segunda cuestión, los autores vuelven a tirar por tierra la idea generalizada de que las entradas se producen en países con mejores cuotas de desarrollo, mayor apertura de su economía y mejores avances en sus relaciones comerciales. Es cierto que estos factores, “objetivos” afectan positivamente, sin duda, pero existe otra razón que asienta en la historia y el desarrollo político de los países africanos y su relación con Europa su justificación. Como muestra un botón:

“Mohamed VI moviliza a toda su familia para recibir a los Reyes

Los hermanos del rey alauí han estado presentes en el recibimiento en el aeropuerto

El monarca marroquí y Don Felipe se han reunido durante 30 minutos

Han corroborado que la relación entre España y Marruecos es ‘excelente’”

Elmundo.es 14 julio de 2014

Además en este trabajo los autores sacan a relucir tres conceptos muy interesantes y profundamente necesarios para poder abordar una lectura coherente de los FDI. Resumiendo en tres ideas clave serían:

a) Aparecen  los “South-to-South flows” que son aquellos flujos entre los propios países en desarrollo a otros países en desarrollo (quizás que se encuentren en una etapa anterior). Estos South-to-south se institucionalizan en la creación de los llamados países BRICS como Organización Internacional. Precisamente la S de BRICS  es Sudáfrica, “capital económica y psicológica” de los países del áfrica austral (organizados en una organización regional llamada SADC).

En el marco de esta idea planteo, si existe algún tipo de diferencia en la inversión de los FDI entre los desarrollados y los países en vía de desarrollo. Es decir, ¿tienen estas inversiones una razón de ser y un propósito distinto al de las inversiones de los países del norte?.Pues según es trabajo de Bonga, y basándose en el estudio de los datos publicados por UNCTAD 2006 y 2007, los flujos de inversión del norte, buscan expandir su negocio por la vía de la conquista de cuota de mercado en países vírgenes, son inversiones pre-estudiadas y estructuradas bajo modalidades con aversión al riesgo. Sin embargo, los flujos de los países en vías de desarrollo, son flujos “par inter pares”, buscan mayor asunción de riesgo para unos potenciales mejores resultados.

b) La segunda idea se centra en la diferencia entre dos tipos de inversión muy distinta. La inversión en greenfields y otros tipos de inversión como las filiales de empresas, las adquisiciones o fusiones (MandS) del norte o las offshore.

La mayor parte de los FDI se mueven bajo la forma jurídica de fusiones y adquisiciones de empresas (M&As). Sin embargo los policymakers africanos prefieren la inversión greenfield. Este tipo de inversión atrae más beneficios al desarrollo, suponen mayor asunción de riesgo, pero a su vez, también mayores y mejores beneficios directos. Sobre todo aquellos beneficios que repercuten en el empleo, el desarrollo sostenible de la población de alrededor y una estructura corporativa más compleja pero más integrada en el territorio.

Esta distinción es una particularidad que enriquece en trabajo de  N.Mlanga y G Blalock que la mayor parte de la literatura relacionada no distingue entre los distintos tipos de inversión.

c) La tercera idea clave se trata de la distinción entre inversión para la extracción de recursos naturales y otros tipos de inversión. Los países del continente africano, y en general todos los países de los países en vías de desarrollo cada vez son menos propensos a la inversión para la extracción de recursos naturales ya que esta industria está orientada a la extracción, la explotación y la exportación de recursos materiales, materias primas metales y materiales que en poco tiempo han adquirido alto valor por la explosión de la industria tecnológica como el coltán.La  verdadera cuestión, es si la inversión de extracción de recursos naturales atrae o no a otro tipo de inversiones.

Los flujos de inversión hacia África son constantes y van aumentando paulinamente. Es un hecho que indica de forma irrefrenable la importancia que está teniendo en continente para la inversión exterior y que destaca el despertar de la mayoría de los países africanos. Sin embargo, aunque existen factores para el optimismo, el camino que le queda a recorrer a África es largo, farragoso y muy lento. Aunque me atrevería a decir que el camino que nos queda por recorrer a nuestros vecinos es más complejo si cabe, ¿estamos preparados para el despertar de un gigante? Y peor aún,¿queremos estarlo?

___________________________________________________

Referencias:

[1] Web oficial Banco Mundial, “Datos y definiciones”. Visitada última vez: 1/12/2014. www.datos.bancomundial.org

[2]Irazno Silvia, Introducción al Riesgo país, Documentos ocasionales Nº 0802,2008 Banco de España

Bibliografía:

  • Web oficial Banco Mundial, “Datos y definiciones”. Visitada última vez: 1/12/2014. www.datos.bancomundial.org
  • Irazno Silvia, Introducción al Riesgo país, Documentos ocasionales Nº 0802,2008 Banco de España
  • Especial agradecimiento a Fernandez Ávila Antonio, Hidalgo García Antonio y a la Dra. Cecilia Tellez Valle por su ayuda los conocimientos compartidos en el trabajo: “Entrada desde la perspectiva del sector de la obra civil en el Sadc. Enfoque de riesgo-país”. Universidad Pablo de Olavide.2014
  • Fuente: fotografía:http://melodiasantigas.blogspot.com.es/

 

 

Carmen Diego Acosta

Sevilla, España. Licenciada en Derecho y Ciencias Políticas, Mejor expediente Promoción. Master en Dirección de Negocios Internacionales. Especialidad: Enfoque riesgo-país en África. Curso de Relaciones Internacionales por la Mount Royal University de Calgary, Canadá. Trabajo en el Departamento de Riesgos de empresa de infraestructuras e ingeniería. Activista en Amnistía Internacional. Ámbitos de interés: Financial Direct Investment en África, Developing countries, Derecho Internacional Privado.

Be first to comment