¿Cómo han afectado las encuestas electorales al crecimiento de Ciudadanos?

El líder de Ciudadanos Andalucía, Juan Marín, en una entrevista durante la campaña electoral.

Por Basilio Moreno Peralta

Hace unos días hablaba con un amigo acerca de lo difícil que es desentrañar la interacción que se da entre la configuración de preferencias políticas y las encuestas electorales. Nos ocupaba el partido de Ciudadanos (C’s), y cómo ha alcanzado unos resultados impresionantes en menos de un año desde su desembarco en la arena política nacional. La cuestión me interesaba particularmente porque había observado el inesperado y continuo crecimiento de C’s en las encuestas durante la campaña electoral andaluza (precisamente fue entonces cuando dicho crecimiento era más rápido). Básicamente, lo que afrontamos aquí es un problema de endogeneidad: no es posible analizar de manera separada las causas y efectos de los dos fenómenos separadamente. Sea como fuere, el resultado del partido en las elecciones andaluzas del 25 de marzo (9.28% del voto válido) se ajustaba bastante bien a las estimaciones de las encuestas. ¿Son esos resultados una consecuencia de su buenas estimaciones de voto en las encuestas, aunque sea parcialmente?

Por suerte para mi amigo y para nosotros, el CIS publicó hace poco la encuesta postelectoral sobre estas elecciones autonómicas andaluzas. Leí el estudio postelectoral buscando alguna pista sobre el rol de las encuestas, y tuve suerte. Además de ser la primera disponible donde podemos evaluar a C’s desde su nueva posición electoral, el periodo de mayor crecimiento del partido (sombreado en rojo en el primer gráfico de abajo) coincidió en el tiempo con estas elecciones (línea vertical roja) y su campaña. Este primer gráfico muestra una estimación de la intención de voto al partido de Albert Rivera para las elecciones generales creado a partir de los datos de encuesta. El periodo ocupa la presente legislatura, y cada punto gris es la estimación de voto de alguna encuesta (todos los gráficos pueden ampliarse haciendo click sobre ellos).

Para poner un poco más de contexto, cabe destacar que C’s se presentó a las elecciones parlamentarias andaluzas de 2008 (¡sorpresa!) donde obtuvo un 0,13% del voto, o en otras palabras, nada. Es cierto que 2008 queda ya algo lejos, además de que muchas cosas han cambiado en estos años. Aun así, este mismo partido consiguió un 1,74% de los votos hace un año en las elecciones al Parlamento Europeo si nos fijamos únicamente en el resultado de la comunidad autónoma andaluza, por comparación. Su resultado del pasado marzo no solo multiplica lo que consiguió en los comicios del año anterior, sino que supera con creces los resultados tanto de UPyD (principal competidor ideológico) como los de un actor mucho más afianzado en este ámbito electoral, IU.

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Con el objetivo puesto en comprobar el efecto de las encuestas electorales sobre el resultado electoral de C’s, en primer lugar debemos saber si sus votantes estaban al tanto de los sondeos. El gráfico bajo este párrafo muestra el porcentaje de votantes que tenía conocimiento de alguna encuesta o sondeo preelectoral clasificado según el partido al que votó (lo cual se pregunta en el mismo estudio postelectoral). Hay una columna para los votantes de cada partido que alcanzó representación en el parlamento de Andalucía más una sexta para el total de encuestados, por referencia. Lo que muestra es bastante claro: quienes votaron por C’s eran los más informados acerca de las encuestas preelectorales. Es cierto que los votantes de Podemos puntúan muy cerca en este apartado, pero en cualquier caso, los simpatizantes de C’s conocían estos sondeos mucho más que la media de los electores.

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Si seguimos adentrándonos en los datos del CIS encontraremos otra pregunta relacionada con nuestro tema más adelante. A todos aquellos que declararon estar al tanto de algún sondeo preelectoral se les pregunta ahora cuánto tuvieron en cuenta esa información a la hora de decidir qué votar. Como se hizo en el gráfico anterior, el siguiente ilustra el porcentaje de entrevistados que dijo haberle prestado mucha, bastante, poca o ninguna atención a las encuestas. Aunque parece que muchas personas son reacias a atribuir alguna importancia a los sondeos públicos en su decisión de votar, el grupo que apoyó a C’s declara mayores niveles de influencia. La suma de votantes que los tuvo en cuenta “mucho” o “bastante” aglutina a uno de cada cinco simpatizantes de C’s. Si añadimos la categoría que apenas tuvo en cuenta la información de los sondeos los votantes del PSOE aparecen en los mismo niveles de influencia. Sin embargo, lo que es más importante es la consistencia de los resultados con la pregunta que nos planteábamos, al menos hasta ahora. Porque los votantes de C’s puede que conocieran y tuvieran más en cuenta las encuestas que otros, pero ¿con qué fin usaron tal información?

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La última pregunta que vamos a analizar es la que verdaderamente da en el clavo. Solo una submuestra de los entrevistados, aquellos que conocían algún sondeo electoral y declaraban haberlo(s) tenido mucho o bastante en cuenta para decidir su voto, fueron escogidos para responderla. A este grupo se le preguntó en qué sentido tuvo en cuenta las encuestas electorales, ofreciendo cuatro respuestas posibles: que le animaron a votar, que le ayudaron a decidir partido, que reforzaron de idea de votar al partido que pensaba, o que le animaron a cambiar de partido. El resultado apunta a que únicamente uno de cada ocho votantes de C’s tenía decidido, antes de consultar ninguna encuesta pública, que iba a votar a esta formación. Los siete restantes declararon haber cambiado de opinión una vez estuvieron al tanto de los sondeos. Siguiendo con este juego de las proporciones, de esos siete supuestos votantes de C’s, destaca que cuatro decidirían qué votar a la luz de esta nueva información, dos se animarían a salir de la abstención, y el último tenía intención de votar a otro partido pero las encuestas le hicieron pensárselo dos veces. Ninguno de los demás partidos presenta un patrón similar.

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Estos resultados describen un par de aspectos acerca del partido centralista y sus votantes. Parece sensato pensar que sus prometedorasestimaciones de voto persuadieron a muchos votantes andaluces, lo que concuerda con el espectacular crecimiento en intención de voto a nivel nacional del partido, solo comparable al que experimentó Podemos en 2014. No obstante, tales previsiones tan optimistas no motivaron a ciudadanos desencantados para que participaran políticamente con su voto. La fuerza electoral de C’s se ha construído sobre una base de votantes que estaba participando y apoyando otro partido (principalmente el PP, como ilustra otra pregunta en la misma encuesta). Dicha característica sugiere que podría ser muy difícil para los líderes de C’s mantener a los votantes de su lado en el hipotético caso de que PP y PSOE rompieran su tendencia a la baja y recuperaran apoyos.

En resumidas cuentas, la encuesta postelectoral sobre las elecciones autonómicas andaluzas sí que responsabiliza a los sondeos electorales de parte del éxito de Ciudadanos. Sin embargo, no debemos ignorar algunas limitaciones que afrontamos al analizar unos datos como estos. La más obvia es la limitación geográfica (como he intentado enfatizar a lo largo del texto). No sabemos si el mecanismo que recoge la encuesta del CIS estuvo presente en el resto del territorio. Espero que la institución mantenga esta serie de preguntas en las encuestas postelectorales del resto de legislativos autonómicos que celebraron comicios el 25 de mayo. Por otra parte, existe un problema acerca de la fiabilidad que esperamos de datos obtenidos en encuestas. La deseabilidad social de las respuestas, la propensión a evitar respuestas aparentemente incoherente (disonancia cognitiva) y otras situaciones pueden sesgar los resultados de manera fatal. Como un ejemplo, podemos ver que el nivel de voto al PP reportado por los ciudadanos en la encuesta del CIS se sitúa diez puntos por debajo del que realmente consiguió en las urnas. Por último, es defendible argumentar que puede darse un cierto problema ecológico (de entorno), aún más difícil de esterilizar. Puede darse el caso de que muchos votantes escogieran la papeleta de C’s no porque hubiesen visto su buena marcha en las encuestas, sino porque supieron del partido a través de los medios o sus familiares y amigos, que sí estaban prestando atención a C’s por sus estimaciones de voto. Indirectamente, estas personas estarían apoyando a un partido en concreto por el efecto de los sondeos—incluso sin saberlo. Tan complejo como pueda parecer, lo que sí podemos concluir es que hay evidencia para argumentar que el crecimiento electoral de Ciudadanos ha estado alimentado por los sondeos preelectorales. El problema es que este mecanismo de expectativas autocumplidas puede funcionar en ambos sentidos; y si no, que le pregunten a UPyD.

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Barcelona, España. Licenciado en Ciencia Política y de la Administración por la Univ. Pablo de Olavide con intercambio en University College of London. Estudiante del Máster en Investigación en Ciencia Política de la Universitat Pompeu Fabra (Barcelona).

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