Érase una vez un Estado laico: el Estado aconfesional español.

Sin título

Por Paloma Velasco

<<Cuando el cristianismo se convierte en instrumento del nacionalismo, queda herido en su corazón y se convierte en estéril>>.

 Juan Pablo II  (1920-2005) Papa de la iglesia católica

 La relación del Estado español con las confesiones religiosas ha sido un punto de desacuerdo históricamente. El debate se reanuda en la actualidad, donde la izquierda surgida de la contestación social y la derecha cristiana convergen en un único espacio político. Esta recién estrenada pluralidad política, está lejos de ser tarea fácil. Sin embargo, es la prueba de que nuestro estado ha madurado democráticamente. Nos encontramos hoy en un contexto idóneo para repensar las alianzas de nuestra nación, asegurando la diversidad y la participación ciudadana.

Partiendo de la idea de un Estado no confesional, propio de nuestro contexto europeo, ¿tendemos a un modelo garante de la religión o a un estado laicista? A la postre, ¿es la religión algo que fomentar u obviar desde el Estado?, ¿tiene el Estado algo que decir en el hecho religioso más allá de asegurar la libertad religiosa? Las respuestas serán tan plurales como inabarcables. En cambio sí podemos recoger la actitud del constituyente español con las confesiones religiosas, quien actúa como ultima ratio en la cuestión democrática. Aprovechemos este contexto para analizar de cerca el estatus de las religiones en nuestro Estado constitucional, y pensemos oportunamente hacia qué modelo de Estado queremos caminar.

Existen diversas maneras de abordar la cuestión religiosa. Sabemos que el estado laico se opone al modelo confesional. Sin embargo, dentro de la laicidad encontramos un abanico de actitudes que fomentan o inhiben la práctica religiosa.Como ejemplo paradigmático, encontramos la V república francesa, donde el Estado excluiría grosso modo las identidades religiosas de las estructuras políticas e instituciones educativas (prohibición de portar símbolos religiosos en escuelas y administraciones públicas, fomento de la laicidad como uno de los principios del republicanismo francés, etc.).

En cuanto al modelo de Estado que adoptaba el constituyente español en 1978, este plantea aún hoy ciertas dudas en la población, especialmente acerca de las relaciones entre España y la Iglesia católica. ¿Qué hace una capilla dentro de una universidad pública?, ¿por qué se imparte religión católica en las escuelas?, ¿qué origina los beneficios fiscales para el patrimonio religioso? Para entender el caso español, empezaremos por cuestionamos a qué hace referencia el opaco concepto de aconfesionalidad que defiende nuestra Constitución.

Los Acuerdos con la Santa Sede y el controvertido proceso constituyente.

Las relaciones de nuestro Estado con la Iglesia católica se conservan casi tal y como las conocemos hoy durante la época franquista. Dos regulaciones distintas conformaban entonces las relaciones entre las confesiones religiosas y la comunidad política: el régimen de la Iglesia Católica, pactado con el Concordato, y el de las demás confesiones a las que afectaba la Ley de Libertad Religiosa. Con la reforma total del concordato de 1953, Franco aseguraba el control del nombramiento de los obispos y el apoyo de la Iglesia católica, mientras ésta recibía importantes privilegios legales, políticos, económicos y fiscales.  El Concordato de 1953 continúa en vigor ya que no existe formalmente la firma de un nuevo concordato que derogue al anterior ni ha sido revocado legalmente.

Sin embargo su contenido sí se ha modificado; el régimen concordatario en España se compone de un acuerdo entre el Estado y la Santa Sede de 1976*1, y por cuatro acuerdos, negociados en secreto durante la elaboración de la Constitución por el entonces ministro de Asuntos Exteriores Marcelino Oreja y el secretario de Estado del Vaticano Jean Villot. Estos conforman los denominados Acuerdos entre el Estado y la Santa Sede de 1979 (firmados el 3 de enero de 1979*2, cinco días después de la entrada en vigor de la Constitución española el 29 de diciembre de 1978).

Durante la Transición, la cuestión primordial era la de cómo evitar que en lo que dividía a España radicalmente (la vertiente católica y la liberal) se alcanzara un acuerdo que quedase reflejado en la Constitución Española de 1978.

Cuando la ponencia constitucional presenta el texto del Anteproyecto de Constitución, el art.16.3 todavía no planteaba los grandes problemas que subsiguieron el debate ideológico. En aquel momento el texto rezaba:

“Ninguna confesión tendrá carácter Estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación. “

Falta pues la última frase que, en su versión definitiva, hará referencia expresa a la Iglesia Católica. Este apartado tuvo por sí solo ocho enmiendas. El concepto de aconfesionalidad*3 no suponía una redacción agresiva para ningún sector, pues ni prima a ninguna confesión determinada, ni la ataca de forma frontal. Ni siquiera utiliza la corriente expresión constitucional del “Estado laico”, que tantas connotacionestenía para media España. Para contentar a la España más católica, había que introducir alguna alusión a los apoyos que el Estado seguiría prestando a la Iglesia, y que no pareciera discriminatoria para las demás confesiones.

Con el establecimiento de un genérico principio decooperación, se cubría el objetivo de mostrar una desvinculación económica paulatina de ambas instituciones. La solución que encontró la Ponencia Constitucional parece pues, complaciente para un sector, aunque no fue el parecer de todos los parlamentarios que formaban parte de la Comisión de Asuntos Constitucionales y Libertades Públicas del Congreso de los Diputados. Se aprueban finalmente por consenso los arts. 16 y 27 sobre este tema.

Sin título1Artículo 16 .3. Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones

Artículo 27.3. Los poderes públicos garantizan el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones.

Se entra pues en la discusión país laico-país aconfesional en paralelo a la negociación de UCD con los Acuerdos de la Santa Sede. Dichos acuerdos, que se extienden hasta hoy, encuentran su desarrollo en el plano de la educación en el decreto Otero Novas*4.Para la enseñanza de la religión debía de haber una materia alternativa (ética). El susodicho plan de educación mereció una fuerte contestación de la izquierda política; recurrido al T.C., a lo que este Tribunal sentenció que ello es imprescindible para asegurar el derecho constitucional a elegir el tipo de educación. Se estableció asimismo que la enseñanza religiosa no debía ser necesaria en el currículum escolar, los alumnos podrían elegir entre cursar ética o religión.

La Iglesia Católica en España, hoy.

Es sin duda interesante que nuestro Tribunal más político mantenga el estatus tributario privilegiado de las confesiones religiosas. Inclusive encontramos una serie de decisiones por las que el Estado subvenciona en parte a la iglesia católica. Muy ilustrativa es la sentencia del Tribunal Constitucional acerca del régimen tributario de las confesiones religiosas en el Parlamento Foral de Navarra (recurso de inconstitucionalidad núm. 4285-2013). El Tribunal Constitucional avala la exención del pago del IBI para la Iglesia católica y las confesiones evangélica, israelita e islámica. Todo ello sin mucha discordia en el pleno del tribunal de garantías constitucionales, donde fue adoptada por unanimidad.

El actual régimen de relacionescon la Iglesia Católica, la Ley de Libertad Religiosa de 1980 o el artículo 149.1.1ª de la Constitución (que reserva al Estado la competencia exclusiva para garantizar la igualdad de todos los ciudadanos en el ejercicio de los derechos constitucionales) son los argumentos en esta sentencia de finales de 2013 para que el Estado Español mantenga un papel activo en defensa de las confesiones religiosas.

Tampoco Felipe González, ni José Luis Rodríguez Zapatero (audaz este último en políticas reformistas como el matrimonio homosexual o el aborto) se han atrevido a tocar el tema de la relación del Estado con la Iglesia Católica.

Por lo que si bien el caso español no reproduce el paradigma francés (una redacción constitucional benevolente, beneficios fiscales, tratados con la Santa Sede, etc.) tampoco podemos afirmar que nos encontremos en un Estado confesional (afirmación del art.16.3, enseñanza no obligatoriamente confesional, etc.). España adoptó un modelo laico abierto a la cooperación con las entidades religiosas, con protagonismo de la Iglesia Católica, lo que se dio en llamar por la doctrina “laicismo inclusivo”. Otra cosa será, que dicho modelo represente hoy el sentir general, cosa que pretendemos cuestionarnos en al cierre de esta reflexión.

Globalización y regeneración democrática.

La fórmula utilizada en la Constitución, los Tratados Internacionales con la Santa Sede, el papel de la enseñanza religiosa en las escuelas, el tratamiento fiscal favorable a las propiedades de las confesiones religiosas y, porque no, la ayuda ocasional al sostenimiento de la propia institución católica (mediante la mención expresa en la declaración de la renta, financiando el Estado español ciertos eventos religiosos, etc.) nos dan cuenta de que existe una clara tolerancia positiva de la religión en el Estado español, con protagonismo de la religión católica.

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Hasta 1978, nuestras Normas Supremas trataban el hecho religioso como algo positivo o puramente negativo, (con fórmulas como las de Azaña; “España ha dejado de ser católica”).

La generación de Gregorio Peces Barba, vivía en una sociedad con enorme peso de la Iglesia Católica y que difiere a la de hoy día. En la España encontramos una sociedad multicultural con denso número de inmigrantes miembros de otras religiones, además de todos aquellos ciudadanos católicos que no comparten la idea de Iglesia-Estado y de los que no profesan fe alguna. Sería incluso positivo, para la población creyente en nuestro país, defender la autenticidad de la religión frente a la religión-Estado. Los lugares de culto, habrían de ser precisamente los lugares idóneos para la enseñanza confesional de las religiones.

Sería prudente adaptarse a los cambios mediante el planteamiento de un estudio laico de la religión para todos. Y, a mi parecer, aconsejable que dicha materia entrara en los currículos de educación secundaria, desde un prisma científico y social, que contrarreste la ignorancia extrema de las diversas religiones que sufre la sociedad, y que genera desconfianza entre grupos. Pues como decía Gandhi con enorme acierto, el conocimiento profundo de las religiones permite derribar las barreras que las separan.

Así pues, podríamos afrontar los acontecimientos desde un debate multidisciplinar y tolerante. Podríamos repensar qué modelo representa mejor los valores de la sociedad actual y a qué modelo queremos aspirar. Y todo ello pensando que, como dijo John Fitzgerald Kennedy,<<si no podemos poner fin a nuestras diferencias, contribuyamos a que el mundo sea un lugar apto para ellas>>.

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Referencias

1. Acuerdo entre el Estado y la Santa Sede de 1976 sobre nombramientos de arzobispos, obispos y vicario general castrense y fuero judicial de 28 de julio de 1976.

2. Acuerdos entre el Estado y la Santa Sede de 3 de enero de 1979: sobre Asuntos Jurídicos de 3 de enero de 1979, sobre Enseñanza y Asuntos Culturales de 3 de enero de 1979, sobre Asuntos Económicos de 3 de enero de 1979 y sobre la asistencia religiosa a las Fuerzas Armadas y el servicio militar de los clérigos y religiosos, de 3 de enero de 1979.

3. MARTINEZ BLANCO, Antonio, Derecho eclesiástico del Estado, tomo II, Madrid, 1993, págs. 72 a 87.

4. (A partir de abril de 1979 fue ministro de Educación durante 18 meses; el último que tuvo la plena competencia educativa en toda España).

Bibliografía

Galo Bilbao Alberdi, Xabier Etxeberria Mauleón, Juan José Etxeberria Sagastume e Izaskun Sáez de la Fuente Aldama, La laicidad en los nuevos contextos sociales. Estudio interdisciplinar, Colección <<PRESENCIA SOCIAL>> 34. Editorial SAL TERRAE. Santander-2007. ISBN 978-84-293-1718-3.

Rafael Díaz Salazar, España Laica. Ciudadanía plural y convivencia nacional, Editorial Espasa. ISBN 978-84-670-2692-4.

Rosa Mª Satorras Fioretti, Aconfesionalidad del Estado y Cooperación con las Confesiones Religiosas (Art. 16.3). Barcelona-2001. Cedeca Editorial S.L. ISBN 84-95027-82-8.

Antonio García Santesmases, Carlos García de Andoin, Rafael Díaz – Salazar, Amparo Rubiales, Aurora Ruiz y Eduardo Madina en el <<Diálogo sobre laicidad>>. Conferencia Política del PSOE. Grupo Federal de Cristianos Socialistas ofrece el vídeo del Diálogo sobre laicidad:http://www.psoe.es/cristianos/news/707887/page/antonio-garcia-santesmases-carlos-garcia-andoin-rafael-diaz-salazar-amparo-rubiales-aurora-.html

María Teresa Areces Piñol, El principio de laicidad en las jurisprudencias española y francesa. Ediciones de la Universitat de Lleida, 2003. ISBN 978-84-8409-450-0.

Paloma Velasco

Sevilla, España. Licenciada en Derecho y en Ciencias Políticas por la Universidad Pablo de Olavide. Intercambio Erasmus en la Univerisdad Jagiellonian de Cracovia durante el curso 2012/2013. Título Académico de francés jurídico por la Universidad de Orleans. Ámbito de interés: Derechos Humanos, Género, Migración y Conflictos Internacionales.

1 Comment

  • Responder junio 1, 2016

    jaime

    Buenos días, he dado por casualidad con su artículo y me resulta curioso cuando menos.
    En primer lugar, considero que obvia usted que constitucionalmente hablando a palabra aconfesional es un eufemismo. Yo creo que la Constitución del 78 define al Estado como laico, ya que se optó por un enunciado normativo muy claro: “Ninguna confesión tendrá carácter estatal”. Sin embargo, es cierto que este enunciado debería haber figurado en el Título Preliminar de la Constitución y no en el Artículo 16 -el que trata la libertad religiosa e ideológica-, algo que no pudo ser debido a la necesidad de los redactores de alcanzar un acuerdo político. También es cierto que este enunciado se matizó con otros dos que hacen referencia a la cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones que posteriormente, contra todo pronóstico, han tenido más incidencia en el desarrollo constitucional que la propia definición del Estado español como laico.

    Comenta usted ““Ninguna confesión tendrá carácter Estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación. “

    Falta pues la última frase que, en su versión definitiva, hará referencia expresa a la Iglesia Católica”
    Ahora bien, creo que parte de un error lógico y es que a su juicio debe estar todo bien tipificado, pero como bien sabe ya que he leído que es licenciada en Derecho, el mismo es interpretativo. Fíjese que como usted bien dice hubo palabras como laico o federal, que por motivos de consenso no puedieron aparecer en el texto de la Constitución. Pero el que no aparezca dicho vocablo no significa que el estado no sea laico. Tampoco está en la Primera Enmienda de la Constitución de los EEUU y es el país más laico del mundo… Por lo tanto, dudo que falte frase alguna. Fíjese que paradigmático el ejemplo de USA en términos constitucionales, Estados Unidos es el país donde se da una separación más radical entre las diferentes iglesias y el Estado, mucho más que en Francia. Los padres fundadores eran personas muy religiosas, pero, debido a la experiencia anglicana, tenían muy claro que si el Estado quería integrar un fenómeno plural no podía abrazar ninguna religión. Es la gran paradoja del constitucionalismo americano: una separación iglesia-estado muy radical con una sociedad muy religiosa que, además, pide que sus políticos sean muy religiosos. En este sentido, siguen a Polibio y otros pensadores clásicos al considerar que uno de los paradigmas de la virtud cívica y política es ser religioso.

    Comenta usted que “Tampoco Felipe González, ni José Luis Rodríguez Zapatero (audaz este último en políticas reformistas como el matrimonio homosexual o el aborto) se han atrevido a tocar el tema de la relación del Estado con la Iglesia Católica.”. A mi juicio, usted parte de la falsa premisa de la que fuera audaz por sus políticas reformistas, ya que estas le leyes que pudieron molestar al, digamos, catolicismo sociológico, como la legalización del matrimonio homosexual o la reforma del aborto, no tienen nada que ver con la laicidad del Estado (lo que me hace temer por lo “aséptico” del artículo). Ahora bien la laicidad del PSOE es muy cuestionable. Al Partido Socialista le debemos la consumación de un modelo de financiación de la Iglesia Católica profundamente anticonstitucional. La reforma de la asignación tributaria a la Iglesia, la famosa cruz, que Zapatero consagró y elevó al 0,7% es, insisto, anticonstitucional en el momento que permite que una persona pueda detraer parte de sus impuestos para destinarlos a un fin personal como es el culto. Lo más inconstitucional que hay es financiar a las iglesias con dinero público. Lo dijo Jefferson: “Que mis impuestos satisfagan la libertad de conciencia de otro es algo que lesiona mi propia libertad de conciencia”. De hecho el propio partido del señor Zapatero afirmó que denunciará el Concordato con el Vaticano, ahora bien, el Concordato ya no existe, pero sí una serie acuerdos con la Santa Sede que regulan aspectos económicos, educativos, culturales, jurídicos… Son formalmente posconstitucionales, pero materialmente preconstitucionales, porque se negociaron antes de la Constitución, en el interregno. Tienen una carencia de legitimidad evidente y es hora de adecuarlos a nuestra norma constitucional o denunciarlos. No me creo lo del PSOE. Llevo años escuchando esto de políticos socialistas y nunca lo han hecho. Ahí está el tema de la financiación del que antes hablábamos

    A mi juicio igualmente sostiene una afirmación lapidaria “Los lugares de culto, habrían de ser precisamente los lugares idóneos para la enseñanza confesional de las religiones.” que a mi juicio entre en concordancia con la frase de Azaña que señala “España había dejado de ser católica” y yo lo considero como el gran error de la II República, el minusvalorar el peso e la Iglesia en la sociedad (que no en el Estado, que es distinto). Fue laicista y no fue neutral con respecto al fenómeno religioso. Había un elemento hostil hacia la Iglesia Católica basado en el laicismo francés, que no sólo tiene una idea laica del Estado, sino también de la sociedad. Azaña se equivocó al decir que España había dejado de ser católica. Lo importante es saber que la laicidad limita únicamente al Estado, pero no a la sociedad. Las iglesias, evidentemente, pueden tener colegios (entiéndalo, luego podrían a mi juicio enseñar religión en sus colegios si la necesidad de que fueran sitios de culto, en las propia aulas), medios de comunicación, empresas.

    Me es muy curioso, como asiduamente los laicistas españoles recurren al modelo francés (y no al americano) como un modelo “perfecto”, y me parece un error de base, Francia nunca entendió el pluralismo religioso ni la separación Iglesia-Estado de verdad. La laicidad francesa es un mito jurídico. Por ejemplo, en este país el Estado corre con todos los gastos de mantenimiento de todos los edificios dedicados al culto anteriores a 1905. En la Diócesis de Estrasburgo todos los curas reciben un salario estatal y su obispo es elegido por el presidente de la República junto a la Santa Sede. En muchos lugares, como Alsacia y Lorena y provincias de ultramar, sigue vigente el concordato napoleónico. Los revolucionarios americanos tenían claro la necesidad de separar la Iglesia del Estado, pero los revolucionarios franceses no. Nunca pensaron que un estado pudiera tener una integración verdadera sin una religión, de ahí que primero intentaran sustituir el cristianismo por los cultos a la razón y luego nacionalizasen el clero católico. Francia es la laicidad de los antiguos, la lucha contra el Antiguo Régimen y el confesionalismo, mientras que Estados Unidos es la laicidad de los modernos, la lucha por la integración del pluralismo religioso. La incomprensión del pluralismo religioso en Francia se observa en la Ley del Velo, algo que a nadie se le ocurriría en Estados Unidos.

    Para terminar, felicitarla por su última frase del por cierto, único Presidente católico de USA “Y todo ello pensando que, como dijo John Fitzgerald Kennedy,<>.”

    Un saludo

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