Ecuador en el 2015: El fin de una era de confort

Por Milagros Egas Villacrés

A partir del mes de marzo de este año, el Ecuador ha vivido movimientos y reclamos en calle que no se habían visto en casi diez años. Desde las elecciones presidenciales en el 2006, las cuales fueron arrasadas por el actual presidente Rafael Correa y su partido Alianza País, el Ecuador y los ciudadanos ecuatorianos no habían sentido la necesidad de salir a las calles. Esto, no solo por los altos niveles de aceptación de Correa, sino también por la bonanza económica con la que contó gracias a precios altos de petróleo (aproximadamente 100 USD cada barril). Este flujo de dinero, significó el engrosamiento del sector público, la creación de más de 50 Ministerios y/o secretarías nuevas, y también el desarrollo de infraestructura como carreteras, escuelas y hospitales. Esta bonanza económica también le permitió al presidente y al cuerpo legislativo con mayoría del partido oficial, adoptar los decretos y normativas que han beneficiado solo a las personas del partido oficial y que han limitado y violado los derechos de los ciudadanos.

Sin embargo, la bonanza experimentada terminó en el 2015, cuándo el precio del barril de petróleo bajó  hasta casi 30 USD (Agosto 2015) y según los medidores económicos seguirá bajando hasta finales de año. Esto, no solo ha representado una crisis económica en el país sino que también ha generado un espacio para que los ciudadanos se den cuenta del despilfarro que ha tenido el actual gobierno en estos últimos años, así como el incremento de casi el doble de la deuda externa que tenía el país en el año 2000. De igual manera, se han visibilizado casos de corrupción y despilfarro de parte del gobierno, que junto con la actitud autoritaria del presidente han sido la receta para que la gente se vuelque a las calles.

De igual manera, la aceptación de Rafael Correa ha bajado significativamente, luego de algunas decisiones tomadas por el ejecutivo como la explotación del Yasuní (petróleo), la explotación minera en zonas protegidas o territorios indígenas, la incautación medios de comunicación, la disolución de organizaciones de sociedad civil bajo el Decreto Ejecutivo No. 16, los constantes actos inconstitucionales por parte del gobierno y finalmente la propuesta de enmiendas constitucionales que de ser aprobadas reformarían la constitución de forma extrema y también permitirían la reelección indefinida. Estas son unas de las tantas razones por las que a partir de marzo de este año, los ecuatorianos han decidido salir a las calles y mostrar su descontento. Estas movilizaciones comenzaron con reuniones pequeñas de ciudadanos que poco a poco fueron organizándose de mejor manera hasta abanderarse de la camiseta negra que implica el “luto” por el país.

Las movilizaciones en contra también han sido acompañadas por grupos paralelos que apoyan al gobierno o sectores que se conoce, han sido obligados o pagados para salir en “defensa de la democracia” y del gobierno. Estas manifestaciones son conocidas como “festivales por la democracia” o “vigilias por la democracia” que han sido utilizadas para menospreciar las protestas de la oposición y generar mayor polarización en la ciudadanía.

Sin embargo, con el paso del tiempo y con la actitud prepotente del presidente para invisibilizar estos procesos, el 13 de agosto del 2015 se declaró un paro nacional por parte de ciertas organizaciones de sociedad civil y por los pueblos indígenas que en su mayoría están en contra al régimen. Este día, se dieron varios casos de violencia entre las fuerzas armadas y protestantes que terminaron heridos y/o detenidos. Sin embargo, los indígenas y el resto de la oposición no dieron un paso atrás y durante todo el mes mantuvieron diferentes manifestaciones a nivel nacional.

Los pueblos indígenas

Para poder tener una mejor comprensión del significado de estas movilizaciones es importante mencionar el rol de los pueblos indígenas en las protestas. Se sabe que los indígenas son parte de la población que más discriminación sufre y por lo tanto se encuentran en mayor riesgo de sufrir pobreza, violencia y otras secuelas de marginación social. Inclusive en el Ecuador, dónde se supone que un 30% de la población ecuatoriana es indígena, solo se visibiliza y se anuncia que es 8%. Sin embargo, el papel que juegan los indígenas en la política ecuatoriana es superior al de otros actores sociales. Son los indígenas los que se han organizado a través de los años y los actores que se encuentran siempre detrás de todos los golpes de estado vividos en los últimos 25 años. Son también ellos los que han sabido organizarse de mejor manera en las calles y que no solo llegan a las ciudades grandes a demostrar su molestia con el gobierno de turno sino que manejan paralizaciones a nivel nacional. De igual manera, su mejor estrategia en años pasados ha sido intervenir carreteras y autopistas, paralizando no solo a la gente común que viaja sino a transportistas con bienes comerciales que generan mayor presión y reclamos sobre el gobierno.

Los pueblos indígenas en el Ecuador, se organizan a nivel de la institución más grande que los representa, CONAIE (Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador) y suelen hacer movilizaciones que duran semanas, lo cual simboliza la fortaleza de un pueblo que ha luchado por sus derechos durante 500 años (desde la colonización española). En el caso de la última movilización, un grupo grande de indígenas partió desde la provincia de Zamora (suroriente del país) hasta la ciudad de Quito. En total fueron 10 días de caminata en la cual aprovecharon para reunirse con todos los grupos indígenas de la sierra sur y centro del país. De esta manera, lograron acaparar los espacios en los medios y el apoyo de la gente a nivel nacional. Su llegada a Quito fue de manera triunfante y el 13 de agosto de este año se declaró el paro nacional con la participación de aproximadamente 150.000 personas, el cual fue catalogado como “fracaso” por el presidente Rafael Correa.

Violencia y decisiones políticas en el Paro

La movilización duró días y como se menciona anteriormente, hubo cerca de 70 detenidos y más heridos entre policías y  manifestantes. A pesar de que la violencia no es comparable con las movilizaciones de hace veinte años (muertos durante los últimos tres golpes de Estado), las represalias han sido muy duras en especial en contra de personas indígenas. En Quito, resultaron varios heridos e inclusive se dio un caso de violencia en contra de una mujer extranjera, pareja de un líder indígena, que fue finalmente deportada por un tema puramente político. En otras provincias con mayor población indígena como Loja, también hubo casos de violencia contra mujeres indígenas, ancianos e intervenciones a hogares indígenas por parte de miembros de las fuerzas armadas. Estos a su vez, también sufrieron heridas y fueron atacados con lanzas, piedras o bombas artesanales por algunos de los protestantes y esto solo ha hecho que la tensión en las relaciones con el gobierno siga escalando.

Volcán Cotopaxi como Estado de Propaganda

Como si la crisis económica y política no fuera suficiente preocupación en el país, a partir de este año igualmente, el volcán Cotopaxi (el volcán activo más alto del mundo, ubicado en el centro sierra del país) ha incrementado su actividad con expulsión de ceniza y movimientos fuertes en los alrededores del mismo. A pesar de que la alerta aún se mantiene en color amarillo y que el Ecuador ya ha vivido anteriormente erupciones de otros volcanes (Pichincha, Tungurahua y Reventador en menos de 20 años), este es un caso que podría tornarse peligroso por el alcance que tiene el Cotopaxi. Es decir, es y debe ser tomado como un tema serio y preocupante que en estos tiempos de crisis tengamos que sobrevivir a un fenómeno natural que podría afectar a millones de personas.

Por su parte el gobierno ha tenido que reaccionar rápidamente ante esto y ha elaborado planes de contingencia y ha evacuado a personas en sectores de riesgo. Sin embargo, los miembros del gobierno también se han aprovechado de la situación para mitigar los reclamos políticos de los ciudadanos. Por ejemplo, El presidente Correa decidió decretar estado de excepción en todo el territorio nacional. Esto le permite al gobierno violentar ciertos derechos ciudadanos y también mover fondos sin necesidad de rendir cuentas sobre estos actos. A demás de esto, el gobierno ha decidido ser el vocero oficial con respecto a cualquier cambio que se presente en el volcán y de cierta manera ha secuestrado la vocería del Instituto Geofísico de la Escuela Politécnica del Ecuador que es la institución que monitorea al Cotopaxi. La información, entonces ha sido centralizada en el gobierno y a pesar de que todos los días hay expulsión de ceniza y la actividad incrementa cada hora, no existe información ni han operado bomberos o la cruz roja en el sector. Esto es preocupante  y podría ser demasiado tarde para muchos ecuatorianos ya que en estos casos una erupción podría ser eminente.

Está demostrado que el presidente Rafael Correa se encuentra en un emboscada entre una ciudadanía harta del despilfarro y los malos tratos y una naturaleza amenazadora. Los 10 años de aceptación y confort económico y político han llegado a su fin y es momento para que el presidente y su gobierno demuestren una gestión real que pueda mitigar los efectos de todos estos males o rendir cuentas y asumir su responsabilidad.  Hemos visto que los ciudadanos tanto como la naturaleza misma han decidido que el 2015 sea un año en el que el oficialismo y el gobierno Correísta ya no pueda mantener políticas autoritarias y deba generar un cambio urgente si este desea sobrevivir.

 

 

Milagros Egas Villacrés

Quito, Ecuador. Licenciada en Relaciones Internacionales, Universidad de San Francisco de Quito. Máster en Derechos Humanos en la Universidad de Columbia. Ámbito de interés: Derechos de los Pueblos Indígenas, Relaciones Internacionales, Estudios Latinoamericanos, Estudios de los Pueblos Indígenas, Derechos Humanos, Democracia. Actualmente soy Especialista en Organizaciones de Sociedad Civil en la ONG Corporación Participación Ciudadana. También estoy muy involucrada con los derechos de Pueblos Indígenas y en el 2014 asistí a la décimo tercera sesión del Foro Permanente de Cuestiones Indígenas de las Naciones Unidas en New York.

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