Crisis en el pensamiento económico moderno. Las situaciones clásicas

Por Jesús Manuel Artero López

En el actual contexto de recesión económica, las distintas escuelas de pensamiento económico han acudido raudas para explicar el origen y las causas de la misma, además de ofrecer múltiples soluciones fundamentadas en su base epistemológica. Sin embargo, a diferencia del ascenso de la escuela clásica en el siglo XIX, o el pensamiento keynesiano como eje central de la ciencia económica del siglo pasado, no hay actualmente una escuela de pensamiento económico que haya logrado el consenso necesario para establecer su método como la brújula que debe guiar la política económica internacional. Esto es lo que los prestigiosos economistas norteamericanos Robert Heilbroner y William Milberg (1998) denominan la búsqueda de una situación clásica.

Schumpeter ya emplea este término como forma de categorizar o delimitar las distintas épocas de la historia del pensamiento económico, definiendo situación clásica como: “el logro de concordancia sustancial tras un largo periodo de pugnas y controversias, la consolidación del trabajo nuevo y original precedente”[1]. Basada en este tipo de categorización, Heilbroner y Milberg (1998) critican la inexistencia de una escuela económica que identifique el pensamiento económico a partir de los años 70; momento en el que la economía Keynesiana pierde adeptos y credibilidad al no poder predecir el fenómeno de estanflación de la crisis del petróleo.

Para entender el desarrollo de este proceso, establecen dos tipos de dinámicas que explican el nacimiento y la desaparición de las situaciones clásicas: la primera se asocia a problemas internos en la escuela de pensamiento predominante, relacionados con la falta de consenso a la hora de analizar y describir un orden económico; por ejemplo, el concepto de valor o salarios en la economía clásica fueron lo suficientemente controvertidos para no generar el acuerdo suficiente, que minaría el liderazgo de esta escuela. La segunda dinámica es definida por Heilbroner y Milberg (1998) como capacidad de visión, entendida como “los temores y esperanzas políticas, los estereotipos sociales y los juicios de valor […] que impregnan todo pensamiento”[2]. Consideran la visión como una dinámica estratégica, sin menospreciar la anterior, en la evolución del pensamiento económico y las situaciones clásicas. Como expone Palma (2007), supongamos por ejemplo, una división de la secuencia histórica del pensamiento económico en dos partes: una la protagoniza David Ricardo y John Stuart Mill; y por otro lado  Marshall y Keynes. La distinción común entre ambos grupos es la asociación del primero con la economía política y el segundo con la economía. Sin embargo, lo importante no es su denominación, sino lo que supone el cambio de denominación, fundamentado en el desplazamiento desde una visión aristocrática del primer periodo, hacia una visión democrática del segundo. En el primer caso, la clara distinción entre clases sociales daba estabilidad al pensamiento económico del primer periodo; mientras que el orden natural vinculado al mercado daba estabilidad al segundo periodo. Sin embargo, ese orden natural se convertirá posteriormente en el germen que impondrá un tratamiento de la economía por parte de la ortodoxia como si de una ciencia natural se tratase, relegando progresivamente la visión a un segundo plano.

Esta falta de visión de la ciencia económica moderna fomenta que el orden de prioridades de estudio de la realidad se invierta; no se centran los esfuerzos en encontrar el mejor método que explique la realidad, tomando sólo las partes de la realidad que pueden ser estudiadas bajo los modelos deductivo-teóricos disponibles. No presentan los atributos comunes que caracterizaban a las corrientes económicas que lideraron situaciones clásicas anteriores. La economía política clásica, la economía marginalista y la economía keynesiana contaban con una preocupación explícita por la utilidad de sus métodos en el mundo real, además de ser foco central identificable en el pensamiento económico de su periodo.

Sería un error considerar esta problemática concerniente sólo a un ámbito académico, ya que el alejamiento cada vez más palpable de la ciencia económica contemporánea a las inquietudes y problemas de la realidad social ha generado la incapacidad para afrontar con eficacia el contexto recesivo y sus nefastas consecuencias en el bienestar de la sociedad. Como Heilbroner y Milberg exponen: “El signo de la economía de nuestros días es su extraordinaria indiferencia en relación a este problema. En sus momentos álgidos, la fuerte teorización del presente periodo alcanza un grado de irrealidad que solo se puede comparar con la escolástica medieval”.[3] Esta idea viene a reflejar como las principales corrientes de pensamiento económico han desarrollado una filosofía económica basada en supuestos analíticos más cercanos a la explicación de pautas naturales que a los azarosos fenómenos sociales; teniendo como consecuencia una crisis de visión del pensamiento económico para explicar y solucionar situaciones tan relevantes como la actual.

Siguiendo esta tesis, Palma (2007) afirma que en la ciencia económica moderna prima el análisis sobre la mencionada visión, confundiéndose la economía misma como un conjunto de análisis sin soporte social, otorgando a los profesionales de la misma en una posición ciertamente arrogante para hacer frente a los problemas que se presentan. Los economistas Heintz y Folbre realizan una nítida crítica sobre la problemática: “Los cursos de economía típicos confinan su atención a la teoría de los mercados competitivos y tratan la economía como un sistema autorregulado. Incluso cuando abordan temas de política pública, los economistas a menudo enseñan a los estudiantes que hay un inevitable trade-off entre equidad y eficiencia. El mensaje, utilizando un lenguaje común, es que la justicia social es demasiado cara”[4]. Esta arrogancia provoca la cada vez más común confusión (intencionada) de considerar la totalidad de la economía con el mercado, como si todo fuera el mercado, en un ejercicio de reduccionismo de la ciencia económica (Anisi, 1992).

Por ello, el contexto actual ha supuesto una losa en los economistas que obliga a realizar una profunda reflexión crítica de nuestros fundamentos epistemológicos, carentes de visión para dar respuestas a las necesidades actuales. Es necesario acercar posturas entre la metodología económica analítica y los fundamentos de la realidad macroeconómica. Hasta que el contexto social y sus tensiones no se incluyan y estén explícitamente reconocidos, la ciencia económica no tendrá un papel relevante para dar respuesta a las necesidades y perspectivas humanas. El pensamiento económico debe aunar esfuerzos en la consecución de una nueva “situación clásica integradora y constructiva”[5], que afronte la pérdida de credibilidad progresiva de nuestra profesión.

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Bibliografía:

  • Anisi, D. (1992): Jerarquia, Mercado, Valores. Una reflexion económica sobre el poder. Alianza Editorial. Madrid.
  • Heilbroner, R. y Milberg , W. (1998): La crisis de visión en el pensamiento económico moderno. Paidós. Barcelona.
  • Heintz, J. y Folbre, N. (2000): The ultimate field guide to the U.S. economy. A compact and irreverent guide to economic life in America. The New Press.
  • Palma, L. (2009), La búsqueda de una situación clásica como reto para una nueva economía política: la necesaria integración de los elementos analíticos y de visión. Revista De Economía Y Administración. Julio-diciembre 2007, Vol.4, nº 0002, p. 107-132.
  • Schumpeter, J. A. (1982): Historia del Análisis Económico. Ariel. Barcelona.

Referencias:

[1] Schumpeter, 1982, nota 1, p. 87.

[2] Heilbroner y Milberg, 1998: 18-19).

[3] Heilbroner y Milberg, 1998:18.

[4] Heintz y Folbre (2000, p. 10).

[5] Palma (2007, p. 110).

Jesus Manuel Artero Lopez

Sevilla, España. Licenciado en Economía, Máster en Consultoría Económica y Análisis Aplicado. Alumno interno del Departamento de Economía e Historia Económica de la Universidad de Sevilla, Colaborador grupo de investigación A.R.E.A. de la Universidad de Sevilla. Ámbitos de interés: Análisis de políticas económicas y sus efectos sobre la desigualdad y la pobreza, Impactos de los desequilibrios económicos en el ejercicio real de derechos fundamentales.

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