Un año después, nadie ha sido “Charlie”

A handout document released on January 12, 2015 in Paris by French newspaper Charlie Hebdo shows the frontpage of the upcoming "survivors" edition of the French satirical weekly with a cartoon of the Prophet Mohammed holding up a "Je suis Charlie" ('I am Charlie') sign under the words: "Tout est pardonne" ('All is forgiven'). The frontpage was released to media ahead of the newspaper's publication on January 14, 2015, its first issue since an attack on the weekly's Paris offices last week left 12 people dead, including several cartoonists. It also shows Mohammed with a tear in his eye. AFP PHOTO / HO /CHARLIE HEBDO = RESTRICTED TO EDITORIAL USE -- MANDATORY CREDIT "AFP PHOTO / HO/CHARLIE HEBDO- NO MARKETING - NO ADVERTISING CAMPAIGNS -- DISTRIBUTED AS A SERVICE TO CLIENTSHO/AFP/Getty Images

Por David Cárdenas Dolbear

El pasado 7 de enero se cumplió un año del atentado terrorista contra la redacción de la revista satírica Charlie Hebdo en París. Aquel fatídico día, dos terroristas de la rama yemení de Al Qaeda, Saïd y Chérif Kouachi, asesinaron a doce personas y dejaron once heridos[1]. El motivo alegado por el grupo terrorista fue la publicación de una caricatura de Mahoma en 2011. Tras el ataque, las calles y las plazas se llenaron de pancartas en apoyo a Charlie y la libertad de expresión. Los medios de comunicación se solidarizaron con la revista francesa y las redes sociales se llenaron de hashtags (#JeSuisCharlie). Sin embargo, un año después se ha podido comprobar que nadie ha llevado a cabo una defensa real de la libertad de expresión: ningún medio de importancia se atrevió a difundir la caricatura de Mahoma, nadie se atrevió a defender a Charlie Hebdo de verdad.

La redacción de la revista ya se encontraba amenazada de muerte desde la reimpresión de las caricaturas de Mahoma realizada en 2005 por el periódico danés Jyllands-Posten, que causó el mayor debate sobre la libertad de expresión hasta ese momento en Europa. Las caricaturas danesas tuvieron como reacción una oleada masiva de protestas violentas en todo el mundo musulmán y en Europa, que se cobraron varias vidas y pusieron en serio peligro la vida de los editores del periódico, que siguen teniendo que moverse con escolta. Sin embargo, ningún medio de comunicación importante las difundió, como tampoco lo harían más tarde con la de Charlie. Alegaron que era “ofensiva”, pero ocultaron el motivo evidente: el miedo a represalias violentas. Sin embargo, las oleadas de protestas violentas en el mundo musulmán tras la publicación de la caricatura respondían a la mera representación gráfica de Mahoma, no a la forma ni al mensaje crítico que pudiera mandar Charlie. Esto se debe a las leyes de blasfemia que, a pesar de no venir recogidas en el Corán,  son compartidas por la mayoría de las tradiciones del Islam, debido a que han sido incorporadas a la Sharia por juristas islámicos[2]

Tras los atentados y las protestas de la comunidad musulmana en Francia y el resto del mundo, Occidente se ha visto inmerso en un debate sobre los límites de la libertad de expresión y su conflicto con la libertad religiosa. Sin embargo, el debate se ha viciado desde un primer momento por el desconocimiento que se ha demostrado tener sobre Charlie Hebdo. La oleada de críticas que recibió, tachándola de “racista” e “islamófoba,” no tenían ningún fundamento: es una revista satírica de izquierda, muy crítica ante todo con la extrema derecha y el Frente Nacional de Le Pen, la Iglesia Católica, el capitalismo y la sociedad occidental en general. La revista no tuvo ningún problema relacionado con las leyes de libertad de expresión de Francia, ni suscitó este tipo de debates, hasta que satirizó al profeta del Islam. Por otro lado, no está de más recordar algo tan evidente como obviado en el debate: las leyes de blasfemia no se aplican en Francia. De hecho, las leyes francesas de laicismo se han vuelto progresivamente más estrictas, prohibiendo por ejemplo la exhibición ostensible de símbolos religiosos en público.[3] Esta tendencia del laicismo no se corresponde con un repentino clamor por la libertad religiosa y en detrimento de la libertad de expresión, tal como el surgido tras los ataques y que por tanto se corresponde más con un evidente miedo a la reacción del mundo musulmán ante lo que considera una blasfemia.

Esto pone de manifiesto que parte de la sociedad considera que la libertad de expresión debe ser limitada cuando hay un colectivo, religión o grupo que señale unilateralmente un límite que nadie puede traspasar, ya que de hacerlo, una pequeña pero ruidosa parte de ese colectivo podría represaliar de forma violenta. Ello equivale inequívocamente a ceder ante el chantaje de esta minoría violenta que pretende hablar en nombre del Islam, y haciendo esto, la sociedad le da la razón, inconscientemente, a los fundamentalistas. La libertad de expresión, una vez ha sido delimitada por el Estado francés (previendo casos como la difamación, por ejemplo) debe ser entendida de forma absoluta. Por tanto, no puede ser puesta en duda salvo en casos de apología del terrorismo[4], negación de crímenes contra la humanidad[5], o difamación . Es más, dejar de publicar una caricatura por “respeto” equivale a justificar la posible respuesta violenta que tendría lugar en caso de ser publicada, y justificar que un colectivo sea incapaz de controlarse como lo hacen los demás cuando se hace sátira de otras religiones o ideologías. Eso equivale, en fin último, a establecer un estándar de comportamiento mucho menos exigente para los musulmanes que para el resto, una forma diferente de racismo según algunos musulmanes moderados.[6] [7]

Este vacío debate sobre libertad de expresión y libertad religiosa no ha sido el único aspecto en el que Charlie Hebdo ha sido abandonado a su suerte por la sociedad. Nadie se ha atrevido realmente a alzarse contra el fundamentalismo islámico: el rechazo a difundir las caricaturas del Jyllands-Posten fue el comienzo. Si todos los canales de televisión, periódicos, revistas y demás medios de prensa de importancia hubieran compartido la carga del Jyllands-Posten y hubieran publicado las caricaturas de la discordia en 2005, probablemente el atentado contra Charlie Hebdo nunca habría ocurrido, ya que la razón por la que estaba en el punto de mira de los yihadistas era que todos los demás estaban escondidos. Si, al menos, se hubiera difundido la caricatura de Charlie en 2011, la situación se habría normalizado. Si todos hubieran compartido la carga, probablemente ningún medio habría sufrido las consecuencias de defender la libertad de expresión por sí mismo. Por eso, un año después, y a pesar del #JeSuisCharlie, nadie ha sido realmente Charlie.

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Referencias

  1. Comment s’et déroulée l’attaque contre “Charlie Hebdo,” noticia publicada enLe Monde (07/01/2015)
  2. O’ Sullivan, Declan (2001) The Interpretation of Qur’anic Text to Promote or Negate the Death Penalty for Apostates and Blasphemers, The Edinburgh University Press, pp. 71-80.
  3. BULLETIN OFFICIEL, n. 21, de 27 de Mayo de 2004
  4. JOURNAL OFFICIEL DE LA REPUBLIQUE FRANÇAISE, 02/07/1972, p.6803
  5. Ley n° 90-615 de 13 de Julio de 1990, JOURNAL OFFICIEL DE LA REPUBLIQUE FRANÇAISE n° 162 dR 14 juillet 1990, page 8333
  6. Nawaz, Maajid (2012). Radical: My Journey out of Islamist Extremism. WH Allen. p. 210.
  7. James Bloodworth (28 June 2013). “Why is the left so blinkered to Islamic extremism?” Artículo publicado en The Independent

David Cardenas Dolbear

Sevilla, España. Licenciado en Ciencias Políticas y de la Administración. Máster en Relaciones Internacionales y Estudios Africanos de la Universidad Autónoma de Madrid. Máster en Comunicación Política en la Universidad de Sevilla. Redactor en la revista B&N. Cofundador y editor en Sociedad Política, web de artículos sobre secularismo, política internacional y cohesión social. Ámbito de interés: Política, Relaciones Internacionales, Islamismo, Terrorismo yihadista, Historia, África.

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