La era de la abundancia soviética

Por Guillermo Fuentes Vidal. Artículo originalmente publicado en Témpora Magazine

La vida en la sociedad soviética ha dado lugar a un sinfín de tópicos: desabastecimiento, pobre calidad de vida, corrupción… Sin embargo, estos no fueron regla general y en determinados periodos ni siquiera fueron verdad.

Durante la presidencia de Nikita Jruschov (1954-1963), en la Rusia Soviética se vivieron unos niveles de crecimiento y prosperidad bastante cercanos a los de los países capitalistas, fomentando un bienestar que no era ajeno en absoluto al de sus contemporáneos europeos como Francia o Inglaterra.

Como es ampliamente conocido, este proceso fue fruto de una larga evolución. Desde la creación formal de la URSS a finales de 1922, la determinación de Stalin y 5 planes quinquenales habían llevado al país desde una economía profundamente agraria y arcaica hasta una agricultura moderna y una base industrial pesada amplia, pese al brutal parón y destrucción provocados por la guerra contra la Alemania nazi.

Tras las reformas llevadas a cabo por Stalin en pro de la colectivización de la tierra, la industrialización y la reconstrucción del país tras el conflicto mundial, la Unión Soviética necesitaba impulsar el crecimiento económico y aumentar el nivel de vida de la población. El auge urbano en la URSS y el crecimiento demográfico de postguerra tuvieron que ser afrontados con la roturación masiva de nuevas tierras de cultivo, la conocida como «Campaña de las Tierras Vírgenes», en la zona de Kazajstán y Siberia.

“¡Adelante, conquistemos el gran virgen azul!” Cartel arengando a los ciudadanos soviéticos a establecerse en las nuevas tierras.

“¡Adelante, conquistemos el gran virgen azul!” Cartel arengando a los ciudadanos soviéticos a establecerse en las nuevas tierras.

Las nuevas zonas trigueras ganadas para el Estado Soviético supusieron la adquisición de una superficie de cultivo mayor que la de Canadá. Además, el sistema de Koljozes fue modernizado, concentrando mayores extensiones de granjas a la vez que fomentando cierta libertad en la gestión. Tanto las nuevas tierras como las viejas se vieron ampliamente favorecidas por una mecanización masiva. Como se ha mencionado, la extensión y reconstrucción de la industria pesada en la postguerra dotaron a la URSS de las herramientas necesarias para sostener su crecimiento.

El aumento en el abastecimiento alimentario vino acompañado de un aumento en la producción de bienes de consumo duraderos. Dentro de la lógica del aumento del nivel de vida, una vez que se garantizó la capacidad industrial comenzó a desarrollarse su industria ligera o a reconvertirse la pesada (Si bien, ésta siempre estuvo muy vinculada al mundo militar, como demuestra el hecho de la rápida mecanización agrícola de postguerra). Esto significó que a lo largo de la década los pequeños electrodomésticos se extendieron por todos los hogares de la URSS.

El aumento agrario significó una diversificación en la dieta, y la carne se convirtió en habitual en la alimentación soviética. El abastecimiento urbano conllevó el crecimiento de las ciudades, sostenido  por la construcción estatal de vivienda. Los alquileres a bajo coste ayudaron a financiar el nivel de vida con bajos salarios. El mantenimiento de la educación y la sanidad gratuita, así como el aumento de las infraestructuras proveedoras de estos servicios y la calidad de los mismos significaron un acercamiento entre el ciudadano soviético y su contrapartida capitalista. El establecimiento de centros vacacionales del Estado a lo largo del país (así como cierto relajamiento en las restricciones de movimiento interno) hizo que la mayoría de los soviéticos pudiesen tomar vacaciones a precios muy bajos o incluso gratis.

Veraneantes soviéticos en el Mar Negro.

Veraneantes soviéticos en el Mar Negro.

Los bajos niveles desde los que partía la Unión Soviética explican los brutalesíndices de crecimiento de hasta el 10% anual en los primeros años del decenio, mientras que EEUU sólo crecía al 4%. En 1965, la URSS producía la mitad del acero, del cemento y del carbón mundial.

Los éxitos de la ciencia soviética fueron espectaculares acompañantes del bienestar en este periodo. La puesta en órbita del primer satélite artificial y el vuelo orbital de Gagarin contribuyeron a fijar para occidente y sobre todo para los propios soviéticos la realidad de que el sistema podía dar frutos. Sin embargo, cabría destacar que los avances científicos soviéticos estaban muy ligados, de nuevo, al mundo militar (física, cohetes, energía atómica…).

Sin duda, las medidas de liberalización de Jruschov favorecieron al modelo de industria soviética para sostener este crecimiento. El freno a la excesiva burocratización propio de la era Stalin propició que las reformas y los avances técnicos topasen con menos trabas. Por otro lado, el hecho de que el sistema industrial fuese estatal hizo que las industrias compartiesen los progresos en racionalización y técnicas productivas sin los secretos propios de la industria privada.

Otra cuestión fue, y si bien no es necesariamente ventajoso sí lo fue para la URSS en este periodo, el hecho de que las industrias de un mismo sector se modernizasen todas al mismo ritmo y por igual (si bien tal modelo puede retrasar el desarrollo individual de una fábrica) favoreció el abastecimiento continuo y fiable de los bienes manufacturados en un momento en el que el mercado absorbía la demanda.

Las ya mencionadas medidas de liberalización afectaron sobre todo al plano político y cultural. Tras la condena formal de los crímenes del estalinismo y una separación evidente de la figura de su predecesor, muchos condenados al Gulag mediante juicios e investigaciones dudosas fueron puestos en libertad (el 60 % de los encarcelados por Stalin). En el mundo cultural, el proceso conocido como «Deshielo» significó la publicación de obras censuradas por Stalin, de autores vivos como Pasternak o Solzhenitsin, y la reedición de autores prohibidos como Dostoievski. En el ambiente cultural incluso eran permitidas leves (muy leves) críticas a la sociedad soviética.

Edición soviética de “Un día en la vida de Iván Denísovich”, único libro de Solzhenitsyn publicado durante el deshielo.

Edición soviética de “Un día en la vida de Iván Denísovich”, único libro de Solzhenitsyn publicado durante el deshielo.

El rasgo menos conocido de este período sea quizás la idea de Jruschov de crear un nuevo tipo de sociedad soviética, o más bien, de avanzar un paso más en la revolución socialista con el establecimiento de una «sociedad socialista real», superado el estadio de «revolución del proletariado», y del «terror jacobino» de la época de Stalin.

Una vez denunciados los males del estalinismo, el objetivo era avanzar en pro de una sociedad justa y socialista, en la que la inviolabilidad del ciudadano ante la ley estuviese garantizada. Tras alcanzar prácticamente el 100% de alfabetización en 1940, los ciudadanos podrían ahora ser adecuadamente reeducados para vivir en una sociedad armónica y estable.

En esta sociedad ideal el único enemigo real era el capitalismo. Ningún ser humano era incorregible en sí, ya que se entendía que el latrocinio y otros delitos eran fruto de la ambición y los vicios creados por el sistema económico antagónico. Dentro de esta nueva sociedad, los criminales u opositores podrían ser reeducados. La nueva justicia abogaba más por la corrección que por el encarcelamiento, debido a que el modelo alcanzado en el seno de esta nueva sociedad haría que los delincuentes fuesen considerados como enfermos mentales. («Hospitalización forzada por peligrosidad social»).

“¡No le mientas nunca!” En la nueva sociedad, la honestidad y la sinceridad eran fundamentales para el ciudadano.

“¡No le mientas nunca!” En la nueva sociedad, la honestidad y la sinceridad eran fundamentales para el ciudadano.

A finales de la década de los 50, nuevos tribunales comenzaron a cambiar el sistema de coerción por el de corrección. Sin embargo, los delitos aumentaron y la utopía fue diluyéndose poco a poco, recuperando características represoras (crecimiento progresivo de prisioneros en el Gulag) hacia el final de la presidencia de Jruschov.

Si bien las medidas de reforma (especialmente la agraria) tuvieron un éxito enorme durante la década de los 50, los problemas de sequía y desabastecimiento volvieron a principios de los 60. La introducción masiva del cultivo del maíz en ocasiones no tuvo en cuenta la calidad del suelo o el clima, y la falta de pastos acabó encareciendo el precio de carne y leche, viviéndose en 1962 grandes manifestaciones por este motivo.

La transformación definitiva de la población soviética en obrera industrial y urbana marcó este período, tras el cual tan sólo un 25% de la población vivía en el campo. Esta nueva población urbana se libró de muchas de las limitaciones propias de la vida rural, y sufrió una transformación en su visión del mundo. Por una parte, la pequeña apertura estatal junto al aumento del nivel educativo trajo invariablemente la aparición de disidencia. Por otro lado, la entrada de turistas en la URSS y la salida de ciudadanos soviéticos al exterior contribuyeron a tumbar los mitos que sobre occidente había creado la propaganda.

Estos incidentes provocaron la caída en desgracia de Jruschov, y fue obligado a dimitir. Sus sucesores, Brézhnev y Kosyguin representaban a una nueva generación de tecnócratas posteriores a la revolución bolchevique, y prefirieron conducir los asuntos partidarios y estatales de una manera más discreta y cauta.

Pese a todo, la Unión Soviética había pasado en este decenio de una sociedad industrial básica a una mucho más compleja, en la que la división del trabajo se había complicado en gran medida. El sector militar había sido el más beneficiado de todo esto, e incluso durante la época Jruschov (que decidió para ahorrar presupuesto mermar al ejército a favor de los misiles balísticos y los bombarderos atómicos) se llevó gran parte del pastel industrial, en detrimento de la producción de bienes de consumo o la inversión en otras áreas. Sin embargo, tal y como afirma J. Fontana: “La realidad es que el nivel de vida de la población soviética fue creciendo, lo cual ayuda a entender la larga etapa de estabilidad que se produjo entre 1956 y 1985.”

Pese a que el periodo de «bienestar absoluto» de la sociedad jruschoviana fue relativamente breve, cabría preguntarse por qué no ha sido reivindicado en todo su derecho como sí lo fueron las sociedades de la abundancia europeas de postguerra (e indudablemente, la estadounidense). Probablemente, dentro de la lógica apuntada al principio del artículo, sea a que la victoria del «Capitalismo realmente existente» contribuyó a terminar de minar y enterrar un periodo en el que parecía que el sueño soviético era alcanzable.

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Bibliografía:

DEUTSCHER, ISAAC, “La década de Jruschov“, Madrid: Alianza Editorial, 1971.

FONTANA, JOSEP, “Por el bien del Imperio“, Barcelona: Ediciones Pasado y Presente, 2011.

JUDT, TONY, “Postguerra: una historia de Europa desde 1945, Madrid: Taurus historia, 2005.

 

 

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