La juventud se defiende: No, no estamos perdidos

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Por Carolina Santana Sabbagh

Lo que realmente dicen los estudios y la data acerca de la generación más satanizada de los últimos tiempos

La antropóloga Vargas, una experta de mi país, me dijo una vez que uno de los grandes problemas de la sociedad de hoy es que “Esta cultura es adulto-céntrica. Los jóvenes no necesitan que los salven. Lo que hay es resistencia de los adultos al cambio.”[1] Oírlo de ella, una mujer que tenía edad para ser madre de cualquier millenial, me sorprendió… y ahí -observando mi propia reacción de sorpresa ante los comentarios de una persona de otra generación en defensa de la juventud- confirmé de nuevo que aquello era totalmente cierto.

Casi todo el que nació en las décadas de 1980 o 1990 puede dar fe de que, en pleno 2016 y desde hace un tiempo, nuestra generación es descalificada por los de mayor edad: Que si la juventud “está perdida”, que si los jóvenes “lo tienen todo demasiado fácil”, que si son “inconscientes”, “malcriados”, “narcisistas”, etc., etc., etc.

Pero resulta que la data dura prueba todo lo contrario acerca de esta generación de los “millenials.

No está perdida ni llena de inconscientes. Al contrario, en varios países, es la generación más estudiosa y mejor calificada de toda la historia (sí, de toda la historia).[2]

No lo tiene todo fácil. De hecho, es una de las generaciones con mayores dificultades para la inserción laboral a pesar de estar más capacitada que sus antecesoras; la de mayores índices de ansiedad y estrés crónico; la más endeudada por tarifas universitarias y salarios reducidos, la primera generación víctima de que el nivel de entrada laboral (o “entry level”) ya no sea sueldo mínimo, sino pasantía no-remunerada, y así sucesivamente.

Más que nunca antes, muchos llegan a puestos de trabajo en los que están más calificados que su supervisor inmediato pero pocos asignan un puesto de supervisión o mando a un miembro de nuestra juventud. ¿Por la experiencia laboral quizás? El cuento de la gallina y el huevo. Al final, dejan “añejar” -por demasiado tiempo- a nuestros muy capacitados jóvenes en posiciones de bajo mando o de “sub-subalternos”, hasta que lleguen a la “edad adecuada”. [Cabe destacar que, en muchos casos, la “edad adecuada” poco tiene que ver con la edad del millenial, y tiene más relación con la edad a la que el supervisor de la generación anterior, o de la anterior a la anterior, entienda que el relevo no es el fin del mundo. En el caso del sector público, también tiene que ver con que las generaciones anteriores comprendan que los cargos no son eternos.] En el proceso, el mundo se pierde de toda la vitalidad, la fuerza, y la capacidad de los años más física e intelectualmente vigorosos del equipo más versado y estudiado que habría puesto pie en esa empresa o entidad (literal y estadísticamente hablando). 

En respuesta a ello, algunos han señalado que los millenials no son estables en el trabajo, que saltan de un empleo a otro, que no se puede confiar en la longevidad de su compromiso. Sin embargo, las estadísticas prueban que la Generación Y ha demostrado mayor compromiso laboral a largo plazo que la generación de sus jefes, logrando –tal y como demuestra la data- ser laboralmente más estable que la misma generación que la crítica, cuando se comparan los desempeños de cada generación en grupos de la misma edad. [3]

En los medios de comunicación masiva, desde los periódicos hasta la TV y la radio, la juventud de la Generación Y ha sido públicamente calificada como “lo peor” y “narcisista”. Sin embargo, los números comprueban que los millenials son el grupo generacional que ha tomado más decisiones de vida en base a lo que ha creído mejor para su comunidad, y no para su individualidad. Esto incluye una mayor tendencia a la selección de comercios que responden responsablemente a problemas sociales o colectivos, un mayor índice de vegetarianos por empatía con los animales, entre muchos otros aspectos en los que los números de las generaciones anteriores ni se asoman por las escalas de doble dígito de la Generación Y.[4]

Se les ha acusado -también- de ser débiles y quejicas o quejumbrosos, de no soportar tranquilamente las dinámicas de trabajo que han aguantado las generaciones anteriores. Esto, como todo lo anterior, también se ha demostrado falso. Expertos han señalado que las generaciones anteriores (Baby Boomers y Generación X, incluidas) quieren lo mismo que reclaman los millenials en el trabajo (un trato cooperativo por parte de compañeros y supervisores, un empleo compatible con la vida personal, etc.). ¿La única diferencia real? Que los millenials tienen la valentía de plantearlo y ponerlo sobre la mesa.[5]

De hecho, la mal condenada Generación Y no solo tiene la valentía de plantearlo, si no que, en algunos países –como en EE.UU.- la abrumadora mayoría reporta que preferiría ganar solo el 40% de un salario determinado y tener un trabajo que ama, a ganar el 100% de ese mismo salario por hacer un trabajo que le aburre.[6]

Lo que sí es cierto es que esta generación es mucho menos domable, mucho más difícil de comprar con dinero o con salarios atractivos a pesar de la escasez de oportunidades de empleo que enfrenta en todo el mundo. Lo que sí se puede decir de esta generación, apoyados en las estadísticas y los estudios expertos, es que es una generación de valientes, que a pesar de los pesares sabe decir “no” aun ante la difícil incertidumbre acerca de qué será de ellos mañana, tomando en cuenta que es la generación con menos capacidad financiera para comprarse un primer hogar, a pesar de ser la de mayor conciencia financiera. [7]

Además, y en ese mismo sentido, más de dos terceras partes de los millenials con empleos de alto rango, reportan haber decidido no realizar alguna tarea cuando entra en conflicto con sus valores, y que el elemento número uno al momento de tomar decisiones laborales son sus valores.[8]

En fin, después de todo, hay que admitirlo: la verdad es que el mundo se ha equivocado con los millenials, no son –ni remotamente- la peor generación… son -precisamente- todo lo contrario.

No, no estamos perdidos.

 

 

Epílogo:

Termino con dos citas, sobre el mundo laboral y la discriminación de la juventud, consciente (y recordándoles) que sus contenidos son perfectamente extrapolables a los demás aspectos de la vida en sociedad.

Intercambio entre expertos y periodistas en la cadena estadounidense CBS:

  • “¿En qué medida has tenido que decirle a los boomers, los jefes, los de 50 y 60 años de edad, que ‘La gente que tiene que cambiar son ustedes, no ellos?’”, Pregunta Safer.
  • “Los boomers sí necesitan escuchar el mensaje. Van a tener que empezar a centrarse más en el entrenamiento [coaching] en vez de dar órdenes. Si a esta generación, en particular, sólo le dices, ‘Tienes que hacer esto. Tienes que hacer esto. Tienes que hacer esto.’, realmente se van a ir. Y cada importante bufete de abogados, todas las grandes empresas saben que este es el futuro “, explica Crane.[9]

Por último:

Las empresas que no puedan llevar a cabo este acto de equilibrio podrían ver un éxodo de talentos jóvenes una vez que la economía mejore. Eso, para tomar prestada la abreviatura de mensajería instantánea que usa la Generación Y, sería un gran WOMBAT (por sus siglas en inglés): un desperdicio de dinero, tiempo y cerebros.[10]

Esa resistencia al cambio, a la que hacía referencia la antropóloga Vargas aquel día, ya se ve obligada a llegar a su fin, porque en muchos países los millenials ya constituyen la mayoría de los votantes y de los consumidores, convirtiéndose así en el grupo que decide quién gana o pierde las elecciones y qué compañías fracasan o prosperan.

Lo del huevo y la piedra acaba de invertirse.

 

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Referencias:

[1] Entrevista radial del programa STNC, por la 95.7 fm. Entrevistada por Raful, Faride; Gómez Mazara, Fabricio; y Santana Sabbagh, Carolina. 24 de octubre de 2014. Santo Domingo, República Dominicana.

[2] Millennials Report (The White House – The Government of the U.S.A. 2014). https://www.whitehouse.gov/sites/default/files/docs/millennials_report.pdf

[3] Ibid, Millennials Report (The White House – The Government of the U.S.A. 2014).

[4] Sam Tanenhaus, The Millennials Are Generation Nice, Fashion & Style, 15 de agosto de 2014, http://www.nytimes.com/2014/08/17/fashion/the-millennials-are-generation-nice.html.

[5] But Laszlo Bock, jefe de Recursos Humanos en Google, citado por: Winning the Generation Game, The Economist, 28 de septiembre de 2013, http://www.economist.com/news/business/21586831-businesses-are-worrying-about-how-manage-different-age-groups-widely-different.

[6] Estudio de Brookings Institution citado por Sam Tanenhaus, The Millennials Are Generation Nice, Fashion & Style, 15 de agosto de 2014, http://www.nytimes.com/2014/08/17/fashion/the-millennials-are-generation-nice.html.

[7] Op. Cit., Millennials Report (The White House – The Government of the U.S.A. 2014).

[8] Why the millennials in your office hate their jobs (New York Post 20 de enero de 2016), http://nypost.com/2016/01/29/why-the-millennials-in-your-office-hate-their-jobs/.

[9] CBSNews, The ‘Millennials’ are coming (CBS News Nov. 8, 2007), http://www.cbsnews.com/news/the-millennials-are-coming/3/. (La traducción es nuestra)

[10] Generation Y Goes to Work, The Economist, 30 de diciembre de 2008, http://www.economist.com/node/12863573.

 

Carolina Santana Sabbagh

Santo Domingo, República Dominicana. Abogada (Magna Cum Laude); Magíster en Derecho Constitucional por la Universidad de Sevilla; y cursa estudios de Maestría en la Facultad de Derecho de la Universidad de Havard, enfocándolos en política y gobierno. Sus áreas de trabajo e investigación abarcan la gerencia y regulación de (a) la gestión pública, (b) la comunicación pública, y (c) la participación político-democrática.

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