Desarrollo sostenible, seguridad alimentaria y agroecología

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Por Adriana Fillol Mazo

La FAO estima que, a lo largo del siglo pasado, se ha perdido alrededor de tres cuartas partes de la diversidad genética de los cultivos agrícolas. Sin embargo, la biodiversidad, y en particular la agrícola, es la fuente de material genético vital para las generaciones futuras, aporta a los agricultores una manera rentable y sostenible de gestionar las plagas y les ofrece opciones de manejar adecuadamente los riesgos asociados al clima. La reducción de la biodiversidad significa limitar las posibilidades de una dieta rica y variada, degradar el medio ambiente, los ecosistemas y comprometer la utilización de los recursos naturales para las generaciones futuras.  Por tanto, la conservación y gestión sostenible de nuestro capital natural son elementos clave para cumplir los objetivos del desarrollo sostenible de la Agenda 2030. Teniendo en cuenta, que el 40% de la superficie terrestre se utiliza para la agricultura, los agricultores cuentan con una gran responsabilidad en cuanto a la protección de la biodiversidad. En este sentido, la agricultura ecológica, que presenta entre sus objetivos la protección de la biodiversidad y destaca el conocimiento de los pequeños productores, puede ser un medio alternativo de producción agrícola acorde con el desarrollo sostenible.

La Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente, conocida como la Comisión Brundtland, definió en 1987 el desarrollo sostenible como “el desarrollo que satisface las necesidades de la generación presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades”.

Hoy en día esta definición sigue siendo un referente. El termino desarrollo sostenible es la traducción de la terminología inglesa “sustainable development”, pero también se suelen emplear los términos de “sostenibilidad”, “consumo sostenible”, “producción sostenible”, etc. Comúnmente, el adjetivo “sostenible” hace referencia a una actividad que concilia el crecimiento económico y la preservación de los recursos naturales en beneficio de la sociedad presente y futura. En otras palabras, se trata de tener en cuenta conjuntamente, en una determinada acción, las preocupaciones económicas, ambientales y sociales, ya que éstas constituyen los tres pilares del desarrollo sostenible. Sin la pretensión de jerarquizar los citados pilares, el desarrollo sostenible implica al menos la asociación de estos pilares con el fin de satisfacer las necesidades de las generaciones presentes y futuras, no perdiendo de vista, por tanto, la perspectiva antropocéntrica. No obstante, debe admitirse que no resulta fácil definir con claridad el contenido de los pilares del desarrollo sostenible, sin embargo podemos hacer una aproximación a ellos:

-El pilar económico se refiere a la idea de crecimiento económico, el cual se consigue, en particular, mediante la mejora de la productividad y el enriquecimiento.

-El pilar ambiental tiene en cuenta  la protección de los ecosistemas y  la conservación de la biodiversidad, aunque también trata la lucha contra el cambio climático.

-El pilar social hace alusión al progreso y bienestar social, lo que implica particularmente conseguir calidad de vida, proteger  los intereses de los consumidores y reducir de la pobreza.

En el ámbito agroalimentario, el desarrollo sostenible pretende analizar la adecuación entre los valores que promueve y las lógicas que siguen las normas aplicables a este sector. Como el alimento permite satisfacer una de las necesidades básicas del hombre y de su descendencia, y su producción depende en gran medida de los recursos naturales, el desarrollo sostenible puede, por ejemplo, utilizarse para comprobar la coherencia y el equilibrio de las obligaciones que están contenidas en los contratos de inversión internacional en terrenos agrícolas.

Volviendo a los tres pilares que componen el concepto de desarrollo sostenible, vamos a ver su relación con el concepto de seguridad alimentaria y porqué en el pilar medioambiental se debe proteger la biodiversidad agrícola y el uso sostenible de los recursos naturales si queremos que exista seguridad alimentaria estable.

En 2009, cuando se celebró la Cumbre Mundial sobre la Seguridad Alimentaria (SA), se dejó constancia de los cuatro pilares sobre los que se asienta la SA. Así, en la Declaración de la Cumbre Mundial sobre la SA de 2009 se estableció textualmente,

“concepto de seguridad alimentaria: existe seguridad alimentaria cuando todas las personas tienen, en todo momento acceso, físico, social y económico a suficientes alimentos, inocuos y nutritivos, para satisfacer sus necesidades alimenticias y sus preferencias en cuanto a los alimentos, a fin de llevar una vida activa y sana. Los cuatro pilares de la seguridad alimentaria son la disponibilidad, el acceso, la utilización y la estabilidad”.

¿Qué significan los cuatro pilares en los que se fundamenta el concepto de SA: disponibilidad, acceso, utilización y estabilidad?

La disponibilidad significa que deben existir alimentos suficientes en los mercados, en todas las zonas del territorio nacional, independientemente del origen del alimento, (es decir, ya sea por producción local propia o por importación).

El acceso significa que la oferta de alimentos en los mercados, por sí sola, no implica que exista SA en una determinada zona. Es necesario también que las personas puedan acceder a esos alimentos ofertados, sin que existan barreras físicas ni sociales ni económicas para ello.

La utilización hace referencia a la capacidad de poder absorber los nutrientes de los alimentos consumidos gracias a que ese consumo se produzca en un contexto adecuado, con agua limpia, con garantías sanitarias, con servicios sociales básicos, etc. Y es que de nada sirve poder adquirir alimentos sanos y de calidad suficiente si posteriormente el contexto es malo y no nos permite la utilización adecuada de esos nutrientes.

La estabilidad se refiere a que los tres pilares anteriores deben tener continuidad en el tiempo. Esto significa que incluso en el caso de que la ingesta de los alimentos sea adecuada, se consideraría que no hay SA si no se tiene asegurado el debido acceso a los alimentos de forma periódica. Las condiciones climáticas adversas, la inestabilidad política, o los factores económicos  no pueden incidir en la distribución y adquisición de los alimentos. De lo contrario, no habría SA en una determinada región.

Por tanto, es importante saber que para alcanzar SA, desde 2009, se van a tomar en cuenta distintos factores: la disponibilidad de los alimentos, el acceso físico, social y económico a los alimentos, el consumo de alimentos sanos, suficientes, nutritivos y culturalmente aceptados (en un marco de prestaciones de servicios sociales adecuados), y la estabilidad en el suministro de alimentos.

Tras la breve exposición del significado de los pilares de la SA hay que tener en cuenta la siguiente cuestión: si el pilar de la estabilidad requiere que los tres pilares anteriores tengan continuidad en el tiempo, obviamente la SA se tambaleará cuando el uso de los recursos naturales (de los cuales obtenemos los alimentos) no sea sostenible y comprometa la satisfacción de las necesidades de las futuras generaciones. Para que esta utilización sea sostenible, debe protegerse la biodiversidad agrícola y adoptarse medidas viables desde el punto de vista ambiental (las cuales son promovidas por la llamada agroecología), de ahí que en este artículo se haga referencia a los aspectos de: desarrollo sostenible, seguridad alimentaria, agroecología y protección de la biodiversidad agrícola.

Agroecología y biodiversidad

Para alimentar a una población mundial que superará los 9.000 millones en el año 2050, la producción agrícola debe aumentar en un 70% para esa fecha. Pero el aumento debe ser sostenible si queremos conseguir estabilidad en la producción de alimentos.

En 2011, los miembros del G20 precisaron que la necesidad de aumentar la producción y la productividad agrícola debe realizarse desde una perspectiva sostenible, con mejoras en la gestión del agua y de los suelos y protegiendo la biodiversidad. Los miembros del G20 se adhirieron, entre líneas, a los análisis de Olivier de Schutter, Relator Especial de Naciones Unidas sobre el Derecho a la Alimentación, cuyo informe publicado en el año 2011 veía en la crisis mundial de alimentos el símbolo del fracaso del modelo productivista de la agricultura basado en el uso intensivo de insumos externos, la mecanización de las tareas y la selección de variedades vegetales. Por tanto, había que buscar modelos alternativos de producción que fueran sostenibles y respetuosos con la biodiversidad.

La agroecología figura entre estos modelos alternativos de desarrollo agrícola que son compatibles con los pilares de la SA y el desarrollo sostenible. Siendo una fusión de dos disciplinas científicas, la agronomía y la ecología, la agroecología es a la vez una ciencia y un conjunto de prácticas. Como ciencia surge en los años 1970-1980, bajo el impulso de algunos autores americanos (Altieri, Gliessman), como práctica agrícola, la agroecología se inspira principalmente en el conocimiento tradicional indígena. El recurso a los conocimientos tradicionales y el intercambio de experiencias de los propios agricultores se encuentra en el centro del enfoque agroecológico.

El mismo informe de Olivier de Schutter que citábamos anteriormente la define como el “conjunto  de técnicas que permiten mejorar los sistemas agrícolas mediante la imitación de los procesos naturales”. Con lo cual vemos cómo agroecología y respeto de la biodiversidad van de la mano. Para el Relator Especial, la agroecología es realmente un concepto coherente, inmerso en el marco conceptual del desarrollo sostenible, que está estrechamente vinculado a los principios fundamentales del derecho de todo ser humano al acceso a una alimentación sana y suficiente.

Podemos afirmar que la agroecología persigue un triple objetivo general: aumentar la productividad en los países con déficit de alimentos; mejorar las condiciones de vida de los pequeños productores; y preservar los ecosistemas con prácticas agrícolas respetuosas del medio ambiente.  Al buscar la sostenibilidad del sistema alimentario, la agroecología recibe un apoyo cada vez mayor en el seno de la comunidad científica y de la FAO y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, pero carece de obligatoriedad jurídica en los Tratados Internacionales que tratan sobre la biodiversidad.

La agricultura ecológica fue regulada por primera vez a nivel de la Unión Europea en 1991, siendo el Reglamento 834/2007, en vigor desde el 1 de enero de 2009, la disposición que actualmente fija las obligaciones de la producción ecológica. Algunos de los objetivos generales establecidos en el mismo son:

-Alcanzar un alto grado de biodiversidad; -Tener en cuenta el equilibrio ecológico local y regional para adoptar  decisiones sobre la producción; -Practicar de una producción ganadera adaptada al lugar y vinculada al suelo; -Conseguir suelos más fértiles, controlar la erosión de los mismos y reducir la acidificación; -Adoptar medidas productivas respetuosas con el medio ambiente, que mitiguen los efectos del cambio climático; -Conseguir un mayor contenido en nutrientes de los alimentos.

Dentro del marco europeo, hay que mencionar también que la nueva PAC apoya a los agricultores que persigan la protección del medio ambiente y la biodiversidad. El 30 % de los pagos directos están condicionados al desarrollo de prácticas sostenibles y respetuosas del medio ambiente, la diversificación de los cultivos, el mantenimiento de praderas permanentes y la protección de áreas ecológicas en las explotaciones. Además, hay una ayuda específica para la agricultura ecológica.

Las técnicas agroecológicas usadas en varias partes del mundo, tales como la gestión integrada de los nutrientes, la agrofostería (introducción de árboles multifuncionales en los sistemas agrícolas), la captación de agua en zonas áridas (que permite cultivar las tierras anteriormente degradadas o abandonadas), la integración de la ganadería en los sistemas de producción agrícola, han demostrado aumentar sensiblemente los rendimientos agrícolas a nivel local.

Otro aspecto fundamental a tener en cuenta es que las prácticas agroecológicas contribuyen a reducir la pobreza rural en la medida en que proveen fertilizantes, a bajo costo, a partir de las deyecciones del ganado o de los desechos de los cultivos, o mediante la plantación de árboles, que son verdaderas fábricas para la captación y fijación del nitrógeno al suelo. La consecuencia es que disminuye la dependencia de los pequeños agricultores a los fertilizantes sintéticos, cuyos precios son cada vez más altos y volátiles. Los recursos ahorrados pueden ser utilizados por el productor y su entorno para satisfacer otras necesidades básicas y hasta ahora sacrificadas como la educación o el cuidado de la salud.

Si queremos llevar a cabo una utilización sostenible de los recursos naturales, especialmente los que nos proporcionan alimentos, garantizar la estabilidad en el suministro de alimentos y proteger a su vez el medio ambiente, debemos tener muy en cuenta el cuidado de la biodiversidad, aspecto muy presente en los objetivos de la agricultura ecológica. Es decir, desarrollar prácticas agrícolas que permitan aumentar la producción y, a su vez, sean respetuosas con la biodiversidad de un determinado lugar. De lo contrario no podemos cumplir con todos los pilares que integran el concepto establecido de desarrollo sostenible.

A pesar de los avances y de la integración del objetivo “biodiversidad agrícola” en los programas internacionales y en la normativa europea, siendo un activo vital para alcanzar un desarrollo sostenible, aquélla sigue estando amenazada. Se necesita más atención y una mayor protección jurídica eficaz. De hecho, la Agroecología no se cita textualmente como elemento específico para proteger la biodiversidad en los instrumentos internacionales, pero sí que presenta una tendencia creciente en la normativa europea, que expande su promoción. Por ello, la UE puede constituirse como un referente internacional que aliente a los Estados a implementar una política de integración para desarrollar estrategias nacionales o regionales que incorporen el cuidado de la biodiversidad agrícola, el papel de los pequeños productores y las técnicas agrosostenibles.

Todas estas aspiraciones son plenamente acordes con las recientes preocupaciones de Naciones Unidas en relación con la Agenda 2030 para el desarrollo sostenible. Dentro de los 17 objetivos de Desarrollo Sostenible, para poner fin a la pobreza, luchar contra la desigualdad y la injusticia, y hacer frente al cambio climático, podemos observar que se tiene en cuenta a la agricultura sostenible como medio para lograr seguridad alimentaria y poner fin al hambre en los Objetivos 2, 15 y 12.

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Bibliografía:

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Adriana Fillol Mazo

Sevilla. Licenciada en Derecho. Máster en Estudios Europeos. Máster en Relaciones Internacionales. Becaria FPU, realizando estudios de Doctorado, en la línea de Investigación de Derecho Internacional Público, en la Universidad de Sevilla. Ámbito de interés: operaciones de gestión de crisis de la UE, cooperación al desarrollo y seguridad alimentaria, prevención de conflictos en la PESC.

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