En los límites de la ficción: una aproximación de Juego de Tronos a la realidad

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Por Noelia Ibáñez Hidalgo. Artículo originalmente publicado en Témpora Magazine.

Muchos serán los que recordarán el momento en el que Pablo Iglesias le regaló la colección en DVD de Juego de tronos al rey Felipe VI y muchos fueron los titulares que suscitó; sin embargo, la inmensa mayoría de ellos no se encaminaron en la dirección correcta. Poco se habló de cómo una serie, basada en una saga a priori fantástica, podía ayudar al monarca a entender el momento político e histórico actual. La respuesta, al menos en base, es sencilla: los géneros se han ido hibridando de tal forma en las últimas décadas, que difícilmente una obra literaria puede ser enmarcada en una sola línea. El caso de la saga de Martin es un ejemplo. Aunque está ambientada en un lugar imaginario y posee elementos fantásticos como dragones, lo cierto es que Canción de hielo y fuego le debe mucho más de lo que parece a la Historia y a la situación actual de Occidente. Y no me refiero solo a su obvia estética medieval, sino que, rascando un poco más, podríamos realizar comparaciones con épocas mucho más cercanas a nuestros días, ya que es fácil darse cuenta de que hoy también tenemos nuestros propios dragones, aunque no tengan forma de animal mitológico.

Por tanto, no es errado decir que los géneros se han convertido en una suerte de orden para los libreros, quienes pueden colocar tranquilamente esta saga en la sección de fantasía sin tener que filosofar sobre los temas subyacentes de las novelas.

Empecemos por aclarar cuán imaginario es Poniente. La gran mayoría de los lectores observarían cuando abrieron por primera vez Juego de tronos, primera parte de la saga que posteriormente daría nombre a la serie televisiva, que la forma de Poniente tiene cierto parecido a Gran Bretaña. Pues bien, las semejanzas entre este mundo y el nuestro van mucho más allá y se podría decir que es una reproducción de Occidente en el siglo XV, antes del descubrimiento de América ya que, más allá del Mar Occidental, no se conoce nada.

Podríamos establecer toda una serie de relaciones entre zonas o reinos de Poniente con lugares reales como Bravos con Venecia o Desembarco del rey con Constantinopla; sin embargo, lo realmente interesante de este mundo “imaginario” es que en él se siguen reproduciendo las mismas tensiones que en la actualidad, es decir, un enfrentamiento (sobre todo a nivel cultural) entre este y oeste.

Viserys Targaryen, por ejemplo, no entiende a la gente y la cultura de Las tierra del Este que representan a Babilonia, Asiria o Persia; e igualmente Occidente sigue, y parece que seguirá, sin entender Próximo Oriente. Desde las guerras entre persas y griegos allá por el siglo V a.C., Oriente y Occidente han estado enfrentados de una forma u otra forma y la incapacidad de este último para acercarse a los problemas del primero se muestra diariamente, sobre todo en los medios de comunicación, los cuales logran causar el estupor de los espectadores ante cualquier ataque puntual a un país occidental, mientras olvidan los años de guerra que se están sucediendo en países como Siria.

Pero los paralelismos que se pueden realizar entre estos dos mundos no se quedan aquí y, sin duda, uno de los más interesantes es la serie de relaciones que se pueden establecer con respecto a El Muro y los caminantes blancos. En diversos artículos se habla de cómo este Muro representa el Danubio y los caminantes blancos son los bárbaros. Bien es cierto que Roma utilizó la deshumanización del enemigo como táctica contra esos bárbaros, no obstante será EEUU quien la llevará a su quintaesencia. En el capítulo Vencer o morir en la escala del caos: legitimidad y poder del libro coordinado por Pablo Iglesias “Ganar o Morir. Lecciones de política en juego de tronos” los tres autores que realizan el mencionado capítulo explican esto de forma clara:

Monstruos, irracionales, nadie puede comprender la naturaleza de su odio hacia nosotros, por lo cual solo se les puede temer, y contra ellos absolutamente todo está justificado puesto que no son como nosotros, no son humanos, y solo podemos acabar con ellos. El tipo de enemigos que constituyen los caminantes blancos es un enemigo con las características de los enemigos inventados por los fascismos del siglo XX y por EEUU en la Guerra Fría y en la posguerra fría (en el imaginario cultural norteamericano, los rusos o los islámicos siempre operan como “otros” intrínsecamente amenazado e inhumano frente al cual todo está permitido, incluso la opresión propia del pueblo por razones de defensa)

En España, gracias al Franquismo, mucho se sabe de la deshumanización del enemigo y de la venta de libertad a cambio de una supuesta paz, y sobre todo, de una supuesta protección. Y la protección se convierte en un palabra clave, tanto en Juego de tronos como en la realidad, pues en ambos lugares ésta se transforma en una forma de legitimar el poder de quien lo ostenta, algo nada novedoso teniendo en cuenta que es la misma fórmula con que los señores feudales ejercían su poder. Nada nuevo en el horizonte como podéis ver. Para que luego se diga que estudiamos historia para no repetirla…

Puede que aquí radique gran parte del éxito de Canción de hielo y fuego, pues al igual que ya lo consiguió Tolkien, Martin crea un mundo de fuerte base histórica que el lector puede reconocer fácilmente.

 

Una vez enmarcado el mundo de Canción de hielo y fuego, analicemos a quienes lo habitan. Poniente es divisible en dos grandes grupos: los que lo dirigen y quienes son dirigidos: básicamente como en la actualidad. Pero como bien sabemos, no todos están a favor de esta dirección y hay una subdivisión dentro de este último grupo, formado por los personajes que intentan formar parte de quienes ostentan el poder.

Dicho esto, es importante puntualizar que en la saga de Martin hay poco espacio para las clases más humildes, de las cuales solo nos da algunas pinceladas en momentos concretos de las novelas o a través de comentarios de personajes relevantes. Así todo, dentro de este segundo grupo de los que son gobernados, nos quedamos en las altas esferas, por regla general.

Dentro de los que tienen el poder, podemos hablar de casas como la Lannister, que aun con sus numerosos problemas en el avance de la saga, sigue estando relacionada con el trono de hierro. Multitud de blogs y artículos han escrito sobre el parecido entre esta casa y otras familias como Los Borgia, a pesar de lo cual lo realmente interesante con respeto a esta familia es la forma en la que intenta mantenerse en el poder.

Tras la muerte del rey Robert Baratheon, Joffrey (su hijo y el de Cersei Lannister) sube al trono, dando aquí comienzo la trama general de la saga, pues la legitimidad de este rey es puesta en tela de juicio y comienzan las luchas, ya que el poder en Poniente está regulado bajo la misma premisa que en nuestro mundo: la legitimidad, sin la cual no puede ejercerse. Atendiendo a Joffrey, su supuesto padre tuvo un “breve reinado”, el cual se inicia a partir del asesinato de un rey que sí cumplía con la legitimidad a nivel tradicional pero que la estaba perdiendo debido a sus actos. Por ende, Joffrey no debió, en un marco de legalidad, ostentar el Trono de Hierro, pues no proviene de la familia que tradicionalmente había poseído el poder ni es el primogénito del rey fallecido, dando así una razón (basada en la deslegitimación de su puesto) para toda la violencia que se genera alrededor de esa corte.

Joffrey, al igual que Cersei, cree que el poder sin legitimidad es posible y que solo es necesario ejercerlo con puño de hierro, lo cual parece deslegitimarlos aún más pues, Martin, buen conocedor de las teorías de Maquiavelo, nos muestra cada vez más claramente cómo para conseguir el poder debes ser temido pero también amado.

Como es visible, Cersei tiene un papel importante en todo ello, y cabe preguntarse cómo una mujer, en una saga socialmente ambientada en la Edad Media, llega a tener tanto poder. En este punto radica uno de los aspectos más interesantes de este personaje, pues utiliza las características propias de su género como un arma para alcanzar el poder. En las novelas, a diferencia de la serie de televisión, es más visible cómo Cersei odia a las propias mujeres por la debilidad que a ellas se les adscribe. Ella no solo envidia las características de su hermano Jaime, el hombre por excelencia, sino que también envidia la posibilidad que este tiene de heredar el legado de su familia, el cual incluso podría ir a parar a manos de Tyrion. De ahí viene gran parte del odio hacia este último, pues a pesar de su “discapacidad” tiene más posibilidades de heredar este legado que ella, quien se considera más capaz que cualquiera de sus hermanos.

Por este odio hacia la supuesta debilidad femenina, es tan cruel con Sansa. Ella es la cruz de la moneda: realmente ha creído que no puede hacer nada para revertir su situación y, al más puro estilo austiniano, no hace más que esperar que alguien la salve de esta situación mientras se pasea triste y delicada por los jardines de palacio. Cersei ve en ella todas las características que hacen que una mujer no esté en la misma esfera de poder que los hombres.

Un personaje muy parecido a Cersei, y a la vez muy diferente, es Brienne, con quien es fácil hacer una analogía con Juana de Arco. Ella también detesta los estereotipos asociados a su género y, para poder empoderarse, opta por despojarse de las características femeninas tomando una imagen masculina, posiblemente porque sus atributos físicos no le permiten tomar la salida de Cersei, al contrario que Margaery Tyrell quien mostrándose como una princesa gentil y generosa ha sabido meterse al pueblo en el bolsillo, ese pueblo al que Cersei odia tanto como ellos a ella.

Pero en todas estas mujeres, y aunque no lo parezca, observamos un punto en común: se empoderan a sí mismas pero no tienen la intención de buscar un cambio  a nivel general. No obstante, sí existe un personaje femenino que tiene presente esta premisa: Daenerys Targaryen, única superviviente del clan familiar que fue destronado, lo cual unido a la tenencia de los dragones le da la legitimidad y el poder para ocupar el trono, y todo ello a pesar de que las previsiones no eran nada buenas para ella. Todo auguraba que acabaría siendo la esclava sexual del líder de un pueblo dedicado a la violación y el robo. Sin embargo, con la capacidad de adaptarse a las diversas culturas, ha conseguido convertirse en esa posible reina amada y temida a la que Maquiavelo hacía mención.

Pero también es importante mencionar que no solo las mujeres se han visto dañadas por el sistema patriarcal y machista que vertebra Poniente a nivel general, sino que además observamos cómo algunos personajes masculinos deben actuar en esta línea de soft y smart power. Es el caso de Tyrion, quien por sus “problemas” físicos y siendo conocedor del odio que le profesa su poderosa hermana Cersei, busca sobrevivir lo mejor posible a través de esta forma de ejercer su poder.

Junto a este tenemos a Varys, el eunuco que busca sobre todas las cosas mantener el orden, el cual desde su visión viene dado por la política: sin ella se produce el desorden y con este la violencia. Por todo ello son muy interesantes sus conversaciones con Meñique, quien solo ve la política como un elemento que puede retribuirse en su favor. No le importa quién lo ostente o si la falta de la misma lleva a la violencia, siempre y cuando dicha violencia le reporte un beneficio. En este sentido, Meñique se convierte en un personaje bastante maquiavélico quien entiende la virtud como la astucia que permite conseguir los propios fines utilizando las circunstancias y las personas. El problema es que esta utilización te lleve a ser un personaje totalmente amoral, como es el caso.

Con todo ello, y a pesar de toda esa amoralidad, además  de haber traicionado a todas las personas importantes de Poniente, sigue conservando la cabeza, al contrario que Ned Stark, cuya rectitud y honorabilidad le impide comprender las características del juego de tronos: vives o mueres. Dichas características parecen haber sido heredadas por su hijo Jon (hijo bastardo y la única mancha en el currículum del patriarca norteño) y Robb, prototipo de héroe guerrero que, de haber mantenido su palabra, no habría abocado a su familia hacia un funesto final en La Boda Roja. Este será uno de los puntos álgidos de la saga por muchos motivos, pero yo me quedo con uno: la sencilla forma de mostrar la trasmutación de los valores en tiempos de guerra. Dicha trasmutación ha sido una constante en todas las luchas a lo largo de la historia, pero desde la I WW, la posiciones se polarizan: y o bien eres mi amigo o bien mi enemigo. Esta posición tan extrema permitió ver lícita la asolación de Hiroshima y Nagasaki en 1945.

Quién estaría perfectamente dispuesto a lanzar una bomba atómica en cualquier parte de Poniente para lograr el trono sería Stannis Baratheon, hermano del difunto rey Robert. Por cuestión sanguínea parece el legítimo heredero del trono, pero sus actos dejan mucho que desear. Dispuesto a todo para conseguir el poder, deja de escuchar las sabias palabras de su consejero a favor de Melisandre, bella hechicera de actos sibilinos y larga cabellera pelirroja (elección para nada baladí), que representa uno de los prototipos promovidos por las religiones a lo largo de la historia. Sin embargo, no es el único modelo de influencia religiosa reproducido a lo largo de la saga ya que Catelyn Stark es sin duda la imagen de madre amantísima y esposa abnegada que en el catolicismo representa la Virgen María.

Pero lo realmente relevante al respecto de Melisandre y Stannis es la forma en la que muestran como la religión puede llegar a interferir en las decisiones de los estados o al menos de quienes los dirigen. No obstante, si la religión puede tener malas consecuencias si se mezcla con el estado, también pueden servir para poner de manifiesto los problemas políticos y sociales de los mismos, cómo hacen Los Gorriones en Desembarco del Rey o como las corrientes protestantes hicieron en la Europa del siglo XVI.

Como hemos podido ver en este muy somero repaso por la relación entre Canción de hielo y fuego y la realidad histórica (pasada y actual) no son pocos los puntos de conexión que hallamos entre ambas. Todo parece indicar que la ficción es una cáscara que recubre un núcleo de realidad que lectores y telespectadores pueden encontrar con facilidad. Obviamente, cuanto más versado en ciertos aspectos sea el receptor, más cáscara podrá quitar; sin embargo, los temas más básicos son fácilmente captados: la desigualdad social, gobernantes que viven a espaldas de la situación del pueblo al que gobiernan, regímenes decrépitos y corruptos que dejan clara su incapacidad para un gobierno justo y que son capaces de cualquier cosa para mantenerse en el poder, entre ellas fomentar el miedo ante las nuevas posibilidades cuando los que verdaderamente están aterrorizados son ellos, pues tienen los días contados… Igual que el rey Robert temía a Daenerys Targaryen, una “simple chica” que se encontraba en los confines de Poniente; la vieja política teme a agrupaciones como Podemos encabezada por un “simple” profesor universitario.

Esto no quiere decir, como es razonable, que Martin supiera lo que iba a pasar en la España actual o en Occidente en general cuando empezó a escribir la saga hace 20 años, sino que, por lejana que parezca la Edad Media o Moderna de la que el autor toma hechos y personajes que después remodela, en realidad estas nos pueden ayudar a entender el presente más de lo que parece, pues aunque los actores y el contexto cambien, los modelos se repiten y la sociedad suele actuar de forma muy parecida ante estos modelos. Justo aquí radica gran parte de la utilidad de la historia y con Canción de hielo y fuego se nos muestra además la valía de la literatura como uno de los mejores vehículos para ser conscientes de dicha utilidad.

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Bibliografía

BLANQUEZ, JAVIER, “Todo lo que Juego de tronos le debe a la historia”, PlayGround. En Línea, consultado por última vez el día 27/02/2016: http://www.playgroundmag.net/articulos/columnas/Juego-Tronos-debe-Historia_5_1295920396.html

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ESTURILLO REYES, SARA, “Lo que podría haber sido en lo que fue: respuesta a los problemas de la novela histórica en la actualidad”. Ed. Bubok. 2015

IGLESIAS, PABLO (coord.), “Ganar o morir. Lecciones políticas en Juego de tronos”. Madrid: Ediciones Akal. 2014

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MACHIAVELLI, NICCOLÓ, “El príncipe”. Madrid: Globus comunicación. 2011

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