El Bicentenario de la Independencia argentina. Entre festejos y desafíos pendientes

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Por Lourdes Jiménez Brito. Candidata a Doctora en Ciencia Política, Centro de Investigación y Docencia Económicas –CIDE-, Ciudad de México.

La emoción de ser parte del Bicentenario de la independencia argentina

Solemos concebir a la Historia como un quehacer científico e intelectual muchas veces lejano, escondida en polvorientos libros y en relatos de eméritos profesores y académicos. Pero a veces, como  le ha ocurrido a millones de argentinos y a mí en particular en este año 2016, la Historia nos llama a ser protagonistas y formar parte de un acontecimiento memorable y único como es el Bicentenario de la Independencia de Argentina. Los doscientos años de independencia política de nuestro país frente al dominio español, se han celebrado en un escenario político de transición  complejo, con festejos austeros, con una situación económica convulsionada, pero con la emoción contenida en un grito de ¡Viva la Patria! al unísono en todos los rincones del país. Este gran acontecimiento histórico se vivió de manera muy especial en el lugar donde todo sucedió hace poco más de 200 años: en mi querida provincia de Tucumán.

Rompiendo los violentos lazos con la metrópoli

Dicen los historiadores que ese día, 9 de julio de 1816, amaneció soleado (Bustos Thames 2016) y que la declaración política más importante de la naciente nación argentina ya no podía esperar ni un día más. El Congreso Constituyente reunido en Tucumán en 1816 tenía dos propósitos: declarar la Independencia y dictar una Constitución. Los representantes de las provincias unidas reunidos en Congreso General Constituyente declararon por unanimidad la voluntad de ser una nación libre e independiente de los reyes de España y su metrópoli. Reza la declaración de la independencia lo siguiente:

“Nos los representantes de las Provincias Unidas en Sud América, reunidos en Congreso General, invocando al Eterno que preside al universo, en el nombre y por la autoridad de los pueblos que representamos, protestando al cielo, a las naciones y hombres todos del globo la justicia, que regla nuestros votos, declaramos solemnemente a la faz de la tierra que, es voluntad unánime e indudable de estas provincias romper los violentos vínculos que las ligaban a los reyes de España, recuperar los derechos de que fueron despojadas, e investirse del alto carácter de una nación libre e independiente del rey Fernando VII, sus sucesores y metrópoli. Quedan en consecuencia de hecho y de derecho con amplio y pleno poder para darse las formas que exija la justicia, e impere el cúmulo de sus actuales circunstancias. Todas y cada una de ellas así lo publican, declaran y ratifican, comprometiéndose por nuestro medio al cumplimiento y sostén de esta su voluntad, bajo el seguro y garantía de sus vidas, haberes y fama. Comuníquese a quienes corresponda para su publicación, y en obsequio del respeto que se debe a la naciones, detállense en un manifiesto los gravísimos fundamentos impulsivos de esta solemne declaración.”

Fuente: El Redactor del Congreso Nacional, Nº 6, pág. 4, 23 de septiembre de 1816, en Ravignani Emilio, Asambleas Constituyentes Argentinas, Tomo I, Buenos Aires, 1937, págs. 216-217.

La sed de libertad y las ansias de justicia empujaron a valientes y decididos hombres revolucionarios de la época a la mayor de las epopeyas militares para garantizar en los hechos lo que acaba de declararse solemnemente. Unos cuantos años atrás, el 25 de mayo de 1810 cuando en el Cabildo de Buenos Aires se formó el primer gobierno patrio, ya se había sembrado formalmente el germen de la independencia. La etapa de las guerras independentistas supuso un esfuerzo mancomunado para luchar incansablemente contra el ejército realista. Luego vendrían históricas y claves batallas como la librada en mi provincia en el año 1812 conocida como “La Batalla de Tucumán” que impidió el avance por el norte del Ejército Realista al centro del territorio.  Hombres como el General San Martin, Belgrano, Güemes, entre otras grandes figuras, desplegaron sus habilidades y recursos para consolidar esta etapa revolucionaria (Pigna 2016).

Construyendo el Estado Nacional

Luego de la etapa revolucionaria, se abrió una de las fases más difíciles de nuestra historia argentina: la construcción y consolidación del Estado y las principales instituciones políticas que regirán la vida del naciente país. Recordemos que posterior a la declaración de la independencia y las guerras contra los realistas,  la organización política del espacio declarado independiente en 1816, se encontraba muy lejos de estar definida. Si bien las propuestas de tipo monárquico fueron descartadas tras arduas discusiones y se terminó imponiendo la solución republicana, allí se abre un conflicto que habría de marcar la historia rioplatense de toda la primera parte del Siglo XIX, con episodios de guerra y violencia a veces extrema, entre propuestas de tipo centralistas o unitaria y las federales o confederales (Gelman 2010).

En este contexto debíamos procurar la creación de un verdadero Estado moderno para la naciente nación argentina. Pero ¿cómo entendemos al Estado bajo estas condiciones? Podríamos definirlo como un conjunto diferenciado de instituciones y personal que implica una centralidad, en el sentido que las relaciones políticas irradian desde el centro y hacia el centro para abarcar un territorio delimitado; y sobre el cual reclama el ejercicio del monopolio de la coerción física legitima, para garantizar un orden que sostiene una multiplicidad de relaciones insertas en una matriz política-social, la cual asigna probabilidades diferenciales a los actores protagonistas (Mann 1997, Weber 1992). El gran desafío de la organización política argentina en aquel momento era desarrollar y desplegar eficazmente las denominadas capacidades estatales: (a) capacidad de externalizar su poder, (b) capacidad de institucionalizar su autoridad para imponer una estructura de relaciones de poder que garantice su monopolio sobre los medios organizados de coerción, (c) capacidad de diferenciar su control y (d) capacidad de internalizar una identidad colectiva (Oszlak 1999).

Como podemos imaginarnos, no fue tarea fácil. Esta fase fue particularmente traumática dado los proyectos políticos enfrentados entre una organización federal y una unitaria. Hasta 1852 el país careció de un gobierno central y vivió bajo un régimen de provincias autónomas, unidas por vínculos confederativos. Pero a través de diferentes pactos, suscritos desde 1820, las provincias reafirmaron su deseo de constituir definitivamente el Estado Nacional, bajo la forma federal. Las provincias argentinas se embarcaron en una cruenta guerra civil que finalmente terminó en el periodo 1853-1862 cuando al fin se adoptó la Constitución Nacional de corte federal y las instituciones políticas por ella creadas, empezaron a funcionar.

Los desafíos de cara al nuevo centenario

Hoy 200 años después de este grito de libertad, de un lento proceso de construcción y organización política, aún quedan muchos retos que superar. A continuación nos concentraremos en dos desafíos políticos- institucionales que supone este nuevo centenario:

El federalismo

La forma de Estado federal no se alcanzó de manera rápida ni pacífica. Algunos analistas afirman que incluso hasta nuestros días, las instituciones políticas (sobre todo las informales) se caracterizan por tener una lógica unitaria y centralista a pesar de que formalmente seamos un país federal. Aunque se inspiró en el modelo norteamericano, nuestro federalismo tiene particularidades que lo apartan bastante del sistema establecido en aquel país: en Argentina las autonomías provinciales son más restringidas y la presencia del Estado Federal es mucho más fuerte. La clave para comprender la diferencia está dada por las profundas asimetrías económicas entre las provincias, producto de su desigual desarrollo socio-económico. Hoy claramente nuestro sistema adolece de una ley de coparticipación federal que pueda hacer verdadera justicia a todas las provincias argentinas en cuento a la proporcionalidad de los recursos fiscales a lo largo de todo el país. Esta ausencia de legislación fiscal federal, ha tenido un  impacto negativo desde el punto de vista político ya que supone un poder disciplinador desde la presidencia de la nación hacia los gobernadores de cada provincia a cambio de recursos financieros para mantener la paz y el orden en cada distrito. Nos urge dar una solución definitiva en materia de coparticipación en este Bicentenario.

La calidad y estabilidad de la democracia

Luego de las numerosas intervenciones militares y los sucesivos golpes de Estado, sufridos en nuestro país en el periodo 1930-1983, la democracia emerge  como la única vía legitima (y legal) de acceder al poder. El desarrollo y la consolidación de esta frágil democracia ha sido la tarea desplegada más importante del Estado argentino en las últimas décadas. La última reforma de la constitución nacional en el año 1994 incorporó una serie de derechos políticos y electorales que vinieron a profundizar una fuerte creencia en la democracia, el presidencialismo y la forma federal de Estado. Sin embargo, en este 2016, nuestras instituciones políticas necesitan de un enérgico compromiso por parte de los partidos políticos y en particular de la ciudadanía. Hoy no se pone en tela de juicio la estabilidad de nuestro sistema político (como sí sucedió por ejemplo en la memorable crisis política y económica del año 2001 que terminó con la renuncia anticipada de un presidente constitucional y la declaración del Estado de Sitio[1]). Hoy discutimos la dimensión de la calidad de los procesos democráticos a nivel nacional pero sobre todo a nivel subnacional. En ese sentido, el año 2015 será recordado como un año electoral memorable en Argentina. No solo por el histórico balotaje entre dos fuerzas políticas en elecciones presidenciales sino también por ciertas crisis político-institucionales que sufrieron algunas provincias argentinas, fruto quizás de un diseño desacertado de sus instituciones electorales. El caso del mismo Tucumán y la polémica anulación momentánea de los comicios provinciales, expresa quizás de forma cruda el desgaste de aquellas reglas electorales de tendencia mayoritaria. Algunos autores como Miño y Busmail (2015) sostienen que la gran diversidad de instituciones electorales a nivel subnacional se traduciría en una injusta situación de desigualdad en el disfrute de los derechos políticos por parte de los ciudadanos que viven en las diferentes provincias argentinas, comprometiendo el principio de igualdad política formal y sustancial propio de una democracia consolidada. Esta dimensión sin lugar a dudas, debe ser abordada a 200 años de nuestra independencia. No es casual que hoy se esté debatiendo en el Congreso de la Nación por iniciativa del Poder Ejecutivo de turno una reforma electoral que va desde el cambio del instrumento de votación (eliminación de la papeleta tradicional por la Boleta Única Electrónica[2]) hasta el establecimiento de un Debate Presidencial Obligatorio entre los candidatos a ocupar la máxima autoridad política del país.

Con este breve recorrido histórico e institucional en ocasión de la celebración de un nuevo aniversario de la independencia argentina, he querido poner de manifiesto la alegría y la emoción de formar parte de esta generación del bicentenario. En los festejos en Tucumán se respiró unión, fraternidad y sobre todo una añoranza por superar los obstáculos vividos hasta este punto de nuestra vida como nación. Por casualidades de la historia (y por primera vez en muchos años), los tres niveles de gobierno con competencia para organizar las conmemoraciones, eran de un signo político distinto: el gobierno federal estrenaba nuevo presidente, el gobierno provincial apenas salía de una crisis electoral sin antecedentes y a su vez estaba enfrentado al gobierno municipal de la Ciudad de San Miguel de Tucumán. Afortunadamente, cada gestión de estos gobiernos supo mantener a un lado sus diferencias políticas para celebrar en un ambiente de fraternidad y concordia el Bicentenario. Una muestra de madurez institucional o quizás sola fue una tregua en sus agendas políticas.

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Bibliografía

Bustos Thames, Juan Pablo (2016) La Declaración de la Independencia Argentina. ¿Quién se quedó con el Acta? Ediciones Ente del Bicentenario de Tucumán. Tucumán, Argentina.

Gelman Jorge (Edi.)(2016) Argentina. Crisis imperial e independencia (Tomo 1). Editorial TAURUS.

Mann, M. (1997) Las fuentes del poder social II, Alianza, Madrid, España.

Miño Juan Andrés y Busmail Alfredo Rafael (2015)  Democracia y elecciones. Apuntes para una reforma política, El Ateneo, Buenos Aires, Argentina.

Oszlak, O. (1999) La formación del Estado argentino, Planeta, Argentina.

Pigna, Felipe (2016) Manuel Belgrano, el hombre del bicentenario. Grupo Editorial Planeta.

Weber, Max (1992) Economía y Sociedad, Fondo de Cultura Económica, México.

Algunos sitios de interés

http://www.museocasahistorica.org.ar/

http://www.bicentenario2016.gob.ar/

Referencias

[1] El Estado de Sitio se encuentra en la Constitución de la Nación argentina y establece lo siguiente:

Artículo 23.- En caso de conmoción interior o de ataque exterior que pongan en peligro el ejercicio de esta Constitución y de las autoridades creadas por ella, se declarará en estado de sitio la provincia o territorio en donde exista la perturbación del orden, quedando suspensas allí las garantías constitucionales. Pero durante esta suspensión no podrá el presidente de la República condenar por sí ni aplicar penas. Su poder se limitará en tal caso respecto de las personas, a arrestarlas o trasladarlas de un punto a otro de la Nación, si ellas no prefiriesen salir fuera del territorio argentino.

[2] Para ver el resto de los ejes de la reforma política nacional http://www.mininterior.gov.ar/reformapolitica/

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