Pensamiento económico socialista. Debates sobre la asignación y la libertad económica

Por Jesús Manuel Artero López

Cabría esperar en una revisión de los primeros estudios sobre el socialismo y el problema de la asignación de recursos comenzar con el célebre Karl Marx. Sin embargo, Marx describió profundamente la asignación de recursos en un sistema económico capitalista, mientras que apenas profundizó sobre la asignación bajo un modelo socialista. No es hasta la década de 1920 bajo el contexto de la revolución rusa y el posterior sistema económico socialista, cuando empezaron a surgir múltiples economistas de distintas ramas de pensamiento (austríacos, neoclásicos, marxistas…) que afrontaron la problemática de la asignación de recursos bajo el modelo de planificación centralizada.

La pregunta clave a responder por parte del pensamiento económico se centraba en el método para asignar en una sociedad socialista los recursos disponibles y el funcionamiento de la actividad económica fuera de los cánones del libre mercado. Principalmente, el debate de la asignación de los recursos en el socialismo se divide en cuestiones generales y técnicas. El primero se basa en la discusión y debate del sistema económico y político del socialismo, ampliamente extendido en distintas esferas sociales, políticas y económicas. Los aspectos técnicos, más relacionados al ámbito de la teoría económica, es el que abordaremos en este artículo.

Socialismo y asignación

Albert Schaffle, economista alemán afín a la escuela histórica fue uno de los primeros en interesarse sobre las cuestiones económicas del socialismo. Estableció las bases del largo debate que se produciría en las décadas posteriores: ¿Qué mecanismo se utilizará para asignar los recursos escasos? ¿existe conflictos entre el socialismo y la libertad? A la primera de las preguntas, Schaffle consideraba que si la economía socialista basa sus precios en la teoría del valor medida en el coste del trabajo marxista, no asignaría eficientemente los recursos. Respecto al conflicto de socialismo y libertad, afirmaba que las ventajas del sistema económico socialista podrían ser solapadas por la pérdida de libertad individual. Más lejos llegaron Brentano y Nasse estableciendo una incompatibilidad absoluta entre libertad y planificación centralizada. En línea con esta tesis, Casse sostenía que una economía socialista no fija correctamente el precio de los factores de producción, generando ineficiencias en la producción óptima.

Pero, al contrario de estas tesis, Vilfredo Pareto aplicó su famosa teoría del bienestar óptimo a un modelo de economía socialista, sin encontrar algún motivo por el que no pudiera lograrse el máximo bienestar en el socialismo. Su seguidor, Barone realizó un análisis sistemático de las condiciones necesarias para alcanzar una asignación óptima de recursos en un modelo socialista, logrando un resultado óptimo de máximo bienestar.

Desde la óptica austríaca, Von Mises y Von Hayek fueron de los autores que más aportaciones hicieron al debate de la asignación socialista. Mises consideraba que los factores de producción en el socialismo no disponen de un mercado para asignar sus precios de forma racional del libre mercado, dificultando cualquier nivel de producción óptima. Sin embargo, Taylor puso en cuestión estas afirmaciones, estableciendo un modelo donde las empresas de propiedad estatal planifiquen la producción para satisfacer las demandas de los consumidores, obteniendo así un precio óptimo de equilibrio. Más tarde, Hayek sostuvo que la asignación en el socialismo era posible teóricamente, pero que no podría darse en la práctica, poniendo en duda la capacidad de los planificadores socialistas para obtener los datos necesarios de una economía sin libre mercado y asignar racionalmente los recursos.

La fase final del debate de la asignación fue protagonizada por Lange. En respuesta a Mises y Hayek, afirmó que los precios de los factores productivos pueden utilizarse para una asignación racional de los recursos, al margen de que los precios sean fijados por el libre mercado o de forma arbitraria por planificadores estatales. Los precios de mercado no influyen directamente en las decisiones de los consumidores, al no conocer las fuerzas que los fijan. En 1940 se llegó a la conclusión que Hayek y Mises no estaban en lo cierto y el socialismo podía asignar racionalmente los recursos.

La asignación socialista en la práctica

Una vez expuesto el debate teórico sobre la asignación socialista, completamos brevemente el debate desde un punto de vista práctico; es decir ¿Cuál fue el sistema de fijación de precios efectivamente practicados en la Unión Soviética?

Pasada la revolución rusa, no se tomó muy en consideración las fundamentaciones teóricas de la literatura, basándose la asignación prácticamente en la fijación de cuotas de producción físicas, evaluando la eficiencia de dicha producción mediante prueba y error, alejado de consideraciones de precios. Este método de balance material, donde en un lado se recogía los productos deseados, y por otro lado los recursos existentes para producirlos conseguía en unos casos una asignación relativamente eficiente, pero en otros se dieron problemas puntuales de escasez. En cambio, la asignación productiva en bienes de inversión (tecnología, desarrollo espacial, educación, etc.) si logró un mayor grado de eficiencia y asignación óptima que redundaba en bienestar social.

Kantorovich, economista soviético de gran influencia, empezó a defender modelos de asignación de precios y producción bajo precios sombra, en detrimento de la teoría del valor trabajo. El precio sombra valora los recursos y fija precios de los productos en función del grado de escasez de la materia prima y mercancías empleadas en su producción.

Otra corriente de economistas soviéticos, liderados por Novozhilov en la década de 1930, proponían medir el valor o el precio en función de los costes de oportunidad; es decir, fijar el precio de un producto o factor productivo en función del valor de la siguiente alternativa que dejamos de consumir.

Las propuestas de Kantorovich y Novozhilov inspiraron a otros economistas de la década de los 60, como Liberman, evidenciando la cada vez mayor postura crítica de los economistas soviéticos a la planificación centralizada mediante propuestas de mayor capacidad de decisión de las empresas.

Socialismo y libertad

En el siglo XX, el debate sobre la compatibilidad del socialismo y la libertad cobró gran importancia e interés, tras las guerras mundiales y el ascenso de la Unión Soviética en el panorama político y económico global.

Respecto a Hayek, sostenía que el socialismo y la libertad no son compatibles, una vez que los planificadores socialistas no pueden conocer todas las preferencias de todos los miembros de la sociedad, estableciendo escalas arbitrarias de planificación económica. Establecía falso entonces la libertad del consumidor en el socialismo para elegir su lugar como consumidor y oferente de factor trabajo.

Bergson, en cambio, realiza una interesante crítica sobre la postura de Hayek y sus afines:

Desgraciadamente, no parece posible referirse también a las aportaciones recientes al análisis de la otra cuestión básica en la controversia más general sobre el socialismo, la que se refiere a la planificación y libertad. Dada las especiales circunstancias en las que se ha desarrollado la revolución rusa, la experiencia de ese país quizá no sea tan concluyente sobre la cuestión de la planificación y la libertad como a veces se supone. Debe admitirse también que el énfasis que han puesto más tarde el crítico del socialismo en esta cuestión a veces parece una maniobra táctica para apoyar una causa que las teorías de Mises han observado que es imposible defender. Pero los argumentos sobre la cuestión de la planificación y la libertad deben ser objeto, ciertamente, de la más seria consideración; si no se hace referencia a ellos, evidentemente juzgar de una forma equilibrada el socialismo” (Bergson, 412-413)

La libertad y la asignación en el marco del pensamiento económico socialista y el contexto de la Unión Soviética genera un debate que no parece tener una postura única. Además de la falta de experiencias empíricas, que presentasen contextos distintos al sucedido tras la revolución rusa, sumamos la discusión entre economistas, aún abierta hasta hoy, en la que algunos sostienen que la libertad sólo es posible en el socialismo y otros relacionan el capitalismo con la obtención de libertades.

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Bibliografía

Bergson, Abram, “Socialist Economics”, en A Survey of Contemporary Economics, Vol I, ed. H.     S. Ellis, Homewood, Ill., Richard D. Irwin, 1948.

Ebenstein, Alan, Friedrich Hayek: A biography, Nueva York, Palgrave 2001.

Friedman, Milton, Capitalism and freedom, Chicago, University of Chicago Press, 1962.

Hayek, Friedich A. (comp.), Collectivist Economic Planning, Londres, Routledge y Kegan Paul, 1935.

Kirzner, Israel., “The Economic Clculation Debate: Lessons for Austrians”, Review of Austrian Economics, 2, 1988, págs. 1-18.

Landreth y Colander (2006) “Historia del Pensamiento Económico”. McGraw-Hill, Madrid.

Lerner, Abba P., The economics of control, Nueva York, Macmillan, 1946.

Jesus Manuel Artero Lopez

Sevilla, España. Licenciado en Economía, Máster en Consultoría Económica y Análisis Aplicado. Alumno interno del Departamento de Economía e Historia Económica de la Universidad de Sevilla, Colaborador grupo de investigación A.R.E.A. de la Universidad de Sevilla. Ámbitos de interés: Análisis de políticas económicas y sus efectos sobre la desigualdad y la pobreza, Impactos de los desequilibrios económicos en el ejercicio real de derechos fundamentales.

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