Stalin el recordado

Por Alberto Venegas Ramos

En el año 2012 la editorial española Edhasa publicó la obra de Anselmo Santos Stalin el Grande. Esta biografía del líder soviético realiza un largo recorrido por todos los hitos del gobernante georgiano desde un punto de vista positivo. La obra de Santos se recrea más en la luz que en la sombra del personaje. En los primeros capítulos reflexiona sobre la herencia del dictador y valora su obra a través de la mirada de otros, como Kissinger, quien, de acuerdo al autor, sentía una verdadera devoción por tres líderes históricos, Richelieu, Bismarck y Stalin. Santos tampoco esconde su veneración por el líder soviético en un movimiento compartido por muchos otros y que este mismo explica con los siguientes términos:

“Cuatro décadas después, la caída de la Unión Soviética, la pérdida del Imperio, el salvaje saqueo de la riqueza del país por los cómplices de Yeltsin, la anarquía, la miseria hicieron que el pueblo volviese los ojos a Stalin”.

A partir de esta afirmación Anselmo Santos desarrolla una serie de fuentes que ponen de manifiesto su teoría, la nostalgia rusa por la URSS e incluso por su dictador paradigmático, Stalin. Numerosas fuentes nos confirman este hecho, como por ejemplo un informe publicado por Gallup, empresa de investigación global estadounidense, donde podemos apreciar como más del 50% de los 1000 encuestados consideran negativa la caída y posterior disolución de la Unión Soviética (Esipova, N y Ray, J. 2013).

Este estudio releva otra cuestión de especial relevancia, los más «nostálgicos» de la Unión Soviética son los menores de 30 años, quienes no vivieron ni conocieron el régimen soviético. La revista The Village entrevistaba, con motivo de este hecho, la nostalgia de la Unión Soviética por los menores de 30 años, a tres jóvenes:

“Hace tiempo que me intereso por la politología y leo mucho sobre ideología. Sueño con la construcción del socialismo en Rusia, que los políticos trabajen por el bienestar de la gente y no al revés, porque así es como tendría que ser”. Kiril, 15 años. (Ferrero, A. 2015).

El sentimiento nostálgico por un pasado que ya no existe no lo comparte únicamente una generación que no lo vivió, sino que se extiende a una gran parte de la población rusa. De acuerdo a un estudio publicado por centro de investigación Levada el 60% de los más de 1.700 encuestados añoran la URSS (Taylor, A. 2016).

 

Las razones esgrimidas para explicar esta nostalgia varían en todos los casos, pero la respuesta más común guarda relación con la economía soviética y la estabilidad laboral que ofrecía a sus ciudadanos. Desde la caída de la Unión Soviética los índices de desigualdad en Rusia no han dejado de crecer, cómo demuestra, por ejemplo, la evolución del índice de GINI para Rusia publicado por el Banco Mundial y el Development Research Group.

La segunda razón, diez puntos por debajo de la anterior, es la pérdida del sentimiento de pertenencia a una potencia mundial. La Unión Soviética rivalizó durante cincuenta años con Estados Unidos por el dominio del mundo y tras su final muchos sintieron que habían pasado a pertenecer a un país de segunda fila. El propio presidente Putin reconocía el final de la Unión Soviética como la peor tragedia del orden internacional durante todo el siglo XX (NBC News, 2005). Recogiendo de nuevo el artículo publicado en Público (citando a The Village), uno de los jóvenes hacía suya esta afirmación cuando contestaba que echaba de menos la Unión Soviética:

“[La Unión Soviética] enseñó a la humanidad que hay un camino alternativo, que se pueden hacer las cosas de otra manera. Nos inspiraron los sindicatos occidentales y su lucha por los derechos. El esfuerzo y la abnegación de la gente que construyó el país y sobrevivió incluso a las peores épocas son motivo de admiración. Los ciudadanos de la URSS eran «gente normal y corriente», pero que hicieron grandes cosas”. Gueorgui (22 años).

La nostalgia por las grandes hazañas y la épica del pasado baña la realidad cotidiana de la Rusia actual. En una entrevista concedida a El País Svetlana Alexiévich, premio Nobel de literatura 2016, narraba una anécdota que nos muestra cómo está cambiando la percepción histórica de la Unión Soviética en estos últimos años y cómo está siendo potenciada por el estado actual ruso.

“En Rusia se echa en falta una reflexión sobre el estalinismo, como sucedió en Alemania con el fascismo. Esto solo lo han hecho un pequeño grupo de intelectuales rusos. Mira lo que ha sucedido en Perm, una ciudad del norte del país. Existía allí un museo a las víctimas de las represiones estalinistas. Cuando Putin llegó al poder, echaron a la dirección del museo y pusieron a otras personas. Ahora es un museo en memoria de los trabajadores del gulag. Ya no es un museo de los que estuvieron encarcelados, sino de los carceleros”. (Galindo, C. 2016).

El gobierno de Putin está suavizando la figura de Stalin y adaptándola a las necesidades del pueblo ruso, como demuestra, por ejemplo, la persecución penal de todos aquellos que niegan la victoria soviética frente a Alemania en la Segunda Guerra Mundial de acuerdo a las palabras de Alexiévich. Putin ha alentado la recuperación del pasado soviético mediante medidas como la restitución de la bandera roja para el ejército o el himno creado por Stalin para la nación (Warren, M. 2000). Esta recuperación va más allá de los símbolos políticos. La nomenclatura o los términos políticos utilizados por Stalin también están regresando a la palestra actual. Conceptos como «enemigos del estado» o «agentes extranjeros» son de uso cotidiano en el escenario político ruso actual (Beard, N. 2016). Todas estas medidas dirigidas a la recuperación de la memoria estalinista están surtiendo efecto. De acuerdo al anterior artículo citado más del 45% de los encuestados creían que los sacrificios realizados durante el período estalinista habían sido necesarios y legítimos para lograr el despegue económico de la nación. El resultado de esta encuesta se ha multiplicado por dos desde la anterior celebrada en 2014. Y es que esta valoración positiva de la obra de Stalin no para de aumentar. En la ciudad de Penza durante el año 2016 se inauguró un centro dedicado a la memoria de Stalin (Turovsky, D. 2016) pagado con fondos públicos gracias al apoyo de dos parlamentarios de la Duma, Valery Rashkin y Sergey Obukhov. En la misma ciudad, los miembros del Partido Comunista declararon 2016 como el año de Stalin.

Las manifestaciones populares de recuerdo a Stalin no han parado de aumentar desde la toma de posesión de Putin en el poder. En 2008 una emisora de televisión organizó un concurso para averiguar quién era, de acuerdo a los telespectadores, la figura más importante de la Historia de Rusia. Ante el envío masivo de respuestas declarando a Stalin la figura más importante de la Historia de Rusia los encargados del programa decidieron amañar el concurso a favor de Alexandr Nevski (Santos, A. 2012: 51). Curiosamente, no solo el gobierno y el pueblo han llevado a cabo medidas de enaltecimiento del pasado estalinista de la nación, también la Iglesia Ortodoxa ha llevado a cabo varias iniciativas. En el año 2010, en la iglesia de San Nicolás, muy cerca del Kremlin, se desplegó un icono de gran tamaño que representaba a Stalin de cuerpo entero revestido con indumentaria militar (Achmatova, N. 2010). No ha sido esta la única mención al dictador soviético. Curiosamente, el Partido Comunista pidió a la Iglesia Ortodoxa que canonizara a Stalin si resultaba vencedor en el programa de televisión anteriormente mentado. El propio Sergei Malinkovich, uno de los líderes del actual Partido Comunista Rusa, afirmaba lo siguiente en una entrevista al periódico Telegraph (Blomfield, A. 2008):

“A finales del siglo XXI habrá un icono de San Josef Stalin en todas y cada de las iglesias ortodoxas”.

Tras todas estas evidencias cabe preguntarse a que se debe esta recuperación del pasado soviético. De acuerdo a Alexiévich:

“Muchos jóvenes rusos leen a Trotski, Marx y Engels. Ven a Stalin como una figura a imitar y se abren museos en su recuerdo. Está de moda. Detrás de esto subyace el hecho de que hay mucha gente que se siente derrotada e idealiza el pasado. Quieren que se mantenga la libertad de poder viajar por el mundo y que las tiendas estén llenas de productos. Pero, al mismo tiempo, quieren que haya un socialismo igualitario”.

Echar la vista atrás, hacía pasados mitificados, es un mecanismo político muy utilizado. No solo podemos apreciarlo en la Rusia de Putin, sino también en los Estados Unidos de Trump y su eslogan Make America Great Again! Además, el mito de Stalin es particularmente positivo para la situación actual de Rusia. Rafael M. Mañueco, corresponsal del ABC en Moscú, lo expresaba con las siguientes palabras en un artículo publicado el 7 de mayo de 2015:

“El nuevo culto a Stalin viene bien a su régimen porque fomenta la idea de que lo fundamental es vencer a los enemigos y mantenerse entre las potencias punteras del planeta aunque vaya en detrimento de las libertades individuales. Lo importante es que haya estabilidad”.

Durante los últimos años el gobierno de Putin ha tenido que enfrentarse a numerosos conflictos que, en muchas ocasiones, lo ha situado frente a Estados Unidos y la Unión Europea. Las operaciones militares en Ucrania o Siria son buena prueba de ello, así como las sanciones occidentales impuestas al país por estas operaciones. Por lo tanto, recordad al pueblo ruso que este ya estuvo contra las cuerdas en una ocasión y consiguió alzarse con la victoria se antoja al gobierno ruso de capital importancia para continuar llevando a cabo las políticas actuales. En el pulso con Alemania Rusia consiguió la victoria en 1945 y, por lo tanto, volverá a conseguirla en la actualidad. Esta comparación no es baladí. El aumento en gasto para la festividad del Día de la Victoria no ha parado de aumentar en los últimos años. Todas estas medidas, como hemos podido apreciar, se encuentran repartidas en las diferentes capas del país, gobierno, pueblo e Iglesia, pero también en la educación. Los planes de estudio y los contenidos históricos enseñados en las escuelas están virando hacía una perspectiva positiva del legado estalinista (Luhn, A. 2016).

Putin utiliza a Stalin y a la Unión Soviética como un elemento integrador y cohesionador. Stalin y la URSS son una pieza más en el rompecabezas histórico que está comformando el dirigente ruso. Su mirada pasa más allá de 1917. Durante los últimos años se han inaugurado un buen número de monumentos a personajes históricos del pasado, como por ejemplo un monumento de 17 metros dedicado a Vladimir, uno de los líderes del primigenio reino rus de Kiev durante el siglo X (Walker, S. 2016). Durante la inauguración del momento Putin pronunció el siguiente discurso:

“He laid the moral foundation on which our lives are still based today. It was a strong moral bearing, solidarity and unity which helped our ancestors overcome difficulties and win victories for the glory of the fatherland, making it stronger and greater with each generation”.

Queda más que patente la intención del mandatario ruso: utilizar la Historia de Rusia a favor de sus políticas nacionalistas. Una intención que resume el propio Putin en la siguiente parte de su discurso:

“Today it is our duty to stand together against contemporary challenges and threats, using our spiritual legacy and our invaluable traditions of unity to go forward and continue our thousand-year history”.

Stalin, la Unión Soviética, Vladimir o cualquier otro son solo piezas dentro de la Historia de Rusia que está componiendo Putin. Una prueba más de la importancia del control de la Historia y de la Historia en sí misma para la política contemporánea. El nacionalismo e incluso imperialismo que está desplegando Rusia en el mapa se encuentra en un proceso acelerado de desarrollo (Arnold, R. 2016) y buena prueba de ello ha sido la anexión de Crimea (Hale, H. E. 2014) o la intervención en Siria. Los investigadores Pal Kolsto y Helge Blakkisrud, tras examinarlo con detenimiento en su obra The New Russian Nationalism. Imperialism, Ethnicity y Authoritarianism 2000 – 2015, publicada bajo el sello de la Universidad de Edimburgo concluyen que el nacionalismo imperialista, no étnico, es la guía de la agenda política de Moscú. Este nacionalismo imperialista reduce las tensiones separatistas al incluir a todos los no rusos que pueblan la federación y unen a quienes lo componen bajo un mismo pasado. Por esta razón no es extraño que la Iglesia Ortodoxa se haya prestado a colaborar en esta misión con el levantamiento de estatuas monumentales como la de Vladimir, líder del reino de Rus que adoptó el cristianismo ortodoxo como religión oficial de sus territorios. Medidas que se unen a otras tomadas por el gobierno de Putin, como la prohibición del evangelismo en Rusia, así como cualquier otra religión o creencia que no esté afiliada a la Iglesia Ortodoxa (Slaughter, A. 2017). Esta política dirigida a revivir el pasado imperial de la nación rusa se ha tornado en una de las mayores preocupaciones del gobierno de Putin ya que legitima todas sus acciones en la esfera internacional, pero también nacional.

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Bibliografía:

  • Santos, A. (2012). Stalin el Grande. Edhasa. Madrid.
  • Esipova, N y Ray, J. (2013). Former Soviet Countries See More Harm From Breakup. Consultado el 25 del 3 de 2017 en: «http://www.gallup.com/poll/166538/former-soviet-countries-harm-breakup.aspx».
  • Ferrero, A. (2015). No viví en la Unión Soviética (pero la echo de menos). Público. Consultado el 25 del 3 de 2017 en «http://www.publico.es/internacional/no-vivi-urss-echo-menos.html».
  • Taylor, A. (2016). Why do so many people miss the Soviet Union?. The Washington Post. Consultado el 25 del 3 de 2017 en: «https://www.washingtonpost.com/news/worldviews/wp/2016/12/21/why-do-so-many-people-miss-the-soviet-union/?utm_term=.f13ee1980e53».
  • NBC News. (2005). Putin: Soviet collapse a genuine tragedy. In annual speech, Russian leader cites Chechen violence as a result. NBC News. Consultado el 25 del 3 de 2017 en «http://www.nbcnews.com/id/7632057/ns/world_news/t/putin-soviet-collapse-genuine-tragedy/#.WNav6G_hCCg».
  • Galindo, C. (2016). Entrevista con Svetlana Alexiévich. Las ideas importan menos ahora. El País. Consultado el 25 del 3 de 2017 en «http://cultura.elpais.com/cultura/2016/08/26/actualidad/1472208019_160750.html».
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  • Mañueco, R. (2015). Putin sigue enalteciendo la figura de Stalin. Consultado el 25 de marzo de 2017 en «http://www.abc.es/internacional/20150507/abci-rusia-putin-enaltecido-201505061901.html».
  • Arnold, R. (2016). Surveys show Russian nationalism is on the rise. This explains a lot about the country’s foreign and domestic politics. The Washington Post. Consultado el 26 de marzo de 2017 en « https://www.washingtonpost.com/news/monkey-cage/wp/2016/05/30/surveys-show-russian-nationalism-is-on-the-rise-this-explains-a-lot-about-the-countrys-foreign-and-domestic-politics/?utm_term=.e34dc2dc6eba».
  • Luhn, A. (2016). Stalin, Russia´s New Hero. The New York Times. Consultado el 25 de marzo de 2017 en «https://www.nytimes.com/2016/03/13/opinion/sunday/stalinist-nostalgia-in-vladimir-putins-russia.html?_r=0».
  • Walker, S. (2016). From one Vladimir to another: Putin unveils huge statue in Moscow. The Guardian. Consultado el 25 de marzo de 2017 en «https://www.theguardian.com/world/2016/nov/04/vladimir-great-statue-unveiled-putin-moscow».
  • Kolstø, Pal y Blakkisrud, Helge (2016). The New Russian Nationalism. Edinburgh University Press, Edimburgo.
  • Hale, H. E. (2014). Russian nationalism and the logic of the Kremlin’s actions on Ukraine. The Guardian. Consultado el 26 de marzo de 2017 en « https://www.theguardian.com/world/2014/aug/29/russian-nationalism-kremlin-actions-ukraine».
  • Slaugther, Anne-Marie. (2017). Nationalists are riding a wave of emotion. The Boston Globe. Consultado el 26 de marzo de 2017 en « https://www.bostonglobe.com/opinion/2017/03/23/nationalists-are-riding-wave-emotion/2h2gEoAKe2m4l9w5AYd40I/story.html».

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