En tierra de nadie: las concepciones de Occidente y de Oriente en la construcción de la identidad nacional turca (II/II)

 

Por Alejandro Ciordia Morandeira

Si en la primera parte del artículo se presentó el caso de Turquía como frontera cultural desde la lógica del Orientalismo y se analizó cómo ésta fue utilizada en la construcción del otomanismo, el antecedente inmediato de la identidad nacional turca. En esta segunda parte el artículo se centra en analizar la transición del otomanismo al nacionalismo turco que tiene lugar durante los primeros años del s. XX y que se consolida durante el periodo kemalista.

Análisis histórico: el surgimiento de la identidad nacional turca (Continuación)

Ziya Gökalp y la transición hacia una identidad nacional turca.

Si hay un personaje clave para entender la transición desde una propuesta inicial de identidad otomana multi-étnica, multi-religiosa e inclusiva hacia una posterior identidad nacional turca basada en el monolingüismo y en una homogeneidad étnica y religiosa (Makdisi, 2002: 173-175) ese es Ziya Gökalp (1876-1924). Sociólogo próximo a los Jóvenes Turcos y al Comité de Unión y Progreso (CUP), es considerado el padre intelectual del nacionalismo turco. Enormemente influenciado por el sociólogo francés Émile Durkheim, que otorgaba una gran relevancia al papel de grupos sociales construidos en base a una conciencia colectiva irracional, se oponía a la concepción de otomanismo por tratarse de una construcción artificial no basada en rasgos culturales compartidos y que por tanto no generaba vínculos emocionales suficientemente sólidos para conformar una verdadera comunidad. Para Gökalp la fuerza de cualquier entidad política radica en organizarse en base a la entidad social básica, aquella de la que se derivan unos mismos valores culturales compartidos por los individuos que la componen, un etos común; esta unidad básica es para él la nación, por lo que el Estado-nación se erige como la única forma viable de gobierno (Berkes, 1954: 384). El establecimiento de una nación homogénea genera una base cultural sólida sobre la que la introducción de reformas civilizatorias es capaz de hacer progresar a una sociedad. Esta diferenciación entre cultura y civilización (dos aspectos esenciales y complementarios de la vida social, pero que operan en niveles diferentes) es la piedra angular de su planteamiento teórico (ídem), que permite conjugar elementos orientales y occidentales en la nueva identidad turca. Por un lado, la civilización se refiere a los aspectos materiales y puede ser cambiada y compartida por diversas comunidades, mientras que la cultura refleja elementos inmateriales particulares e inseparables de una determinada comunidad. Esta diferenciación le permite defender la combinación de la cultura turca, el Islam y la civilización occidental como los tres pilares sobre los que debe avanzar la sociedad de lo que queda del Imperio Otomano (ibídem: 382), correspondiente a la Turquía actual. De esta forma, también se refutan las posiciones tanto de islamistas como de occidentalizadores, que asumen la incompatibilidad de las “civilizaciones” occidental y oriental, mezclando erróneamente elementos tanto culturales (entre los que se encuentran las creencias religiosas) como propiamente civilizatorios (ibídem: 387).

Orientalismo hacia el exterior y hacia el interior: la nación turca frente a Europa y las minorías

El discurso del nuevo nacionalismo turco se proyecta hacia el exterior con una mezcla de elementos orientalistas y occidentalistas. Por un lado, se adopta una postura típicamente orientalista en tanto que se idealiza el progreso científico y material de Europa, que debe ser asimilado en el nuevo Estado-nación, y se acepta la existencia de determinadas instituciones sociales perniciosas propias de Oriente que deben eliminarse, tales como la poligamia, la marginación de las mujeres en la vida social, o el fatalismo. Estas características negativas no son sin embargo inherentes a la cultura turca, sino que son resultado de la influencia histórica de civilizaciones menos avanzadas como la persa y la árabe (ibídem: 388-389). Por otro lado, también se construye una imagen estereotipada de la cultura occidental como un todo homogéneo desprovisto de valores morales, que han sido reemplazados por un individualismo y materialismo feroces, visión propia de posiciones occidentalistas. Así Turquía se erige como un Estado-nación oriental en lo cultural (que otorga un gran valor a lo espiritual y a los intereses comunitarios) y occidental en lo civilizatorio (con estructuras estatales, militares y económicas fuertes), lo que constituye desde esta visión nacionalista un modelo ideal de sociedad, siguiendo el ejemplo japonés.

Este discurso nacionalista también proyecta modos de pensamiento típicamente orientalistas ad intra, dentro de su propia población. Como ya se ha visto, la existencia de un Estado-nación homogéneo se plantea como una característica civilizatoria occidental indispensable para la modernización, lo que conlleva la otredad de todos los grupos etno-religiosos minoritarios (Zeydanlıoğlu, 2008: 161). La transición que lleva a cabo Gökalp, entre otros, desde el concepto inclusivo de otomanismo como identidad aglutinante hacia una identidad nacional turca homogeneizadora y excluyente supone la transformación de la diversidad étnica o lingüística en manifestaciones de atraso y estancamiento. Así, el nuevo Estado se atribuye una misión civilizadora (ibídem: 159) para extender no sólo los elementos materiales e institucionales occidentales, sino los principios modernos seculares y la lengua y tradición folclórica turcas a grupos a los que se les niega una identidad propia distinta del conjunto de la nación. Este proceso de intra-orientalismo (que sigue la misma lógica colonial aplicada por las potencias europeas en sus dominios de ultramar) afectó a muy diversas minorías, pero fue especialmente marcado en el caso de los kurdos. Así, pese a la fraternidad entre el pueblo turco y kurdo proclamada por Atatürk durante la Guerra de Independencia (1919-1922) (Rodríguez López, 2007: 45), posteriormente se negará que jamás existiese la identidad kurda en la historia, describiendo a dicha población, mayoritaria en el sureste del país, como “turcos de las montañas” cuyas costumbres e incluso su lenguaje “deformado” (turco contaminado por la influencia del farsi, según la narrativa oficialista) deben ser corregidos (Zeydanlıoğlu, 2008: 162-163) para que puedan disfrutar también de la civilización y el progreso.

Nacionalismo, modernidad y orientalismo: tres conceptos interconectados

El análisis llevado a cabo en estos dos artículos de los orígenes del discurso nacionalista turco y de la construcción de esta nueva identidad nacional pretende contribuir modestamente a desmontar el mito historiográfico, aún muy extendido, que interpreta la fundación de la República de Turquía y las reformas kemalistas llevadas a cabo como una adopción completa y sin reservas del modelo de gobierno y de sociedad occidental. Sin embargo, en realidad este proceso, al igual que la ideología nacionalista que lo legitima, no puede ser visto como un avance unidireccional de lo occidental sobre el pasado oriental, sino que ambos elementos se combinan conscientemente por las élites, como ya se venía haciendo durante las últimas décadas del Imperio Otomano. El caso turco no es único en este sentido, sino que es un buen ejemplo de procesos de construcción de una visión de la modernidad alternativa al modelo eurocéntrico en los países no pertenecientes a Occidente (Bonnet, 2002: 177), en las que encontramos procesos de emulación y resistencia que tienen lugar simultáneamente, a veces de forma complementaria y en ocasiones de forma contradictoria.

Estas modernidades alternativas implican también la superación de la dicotomía simplista que plantea bien posturas pro-occidentales imperialistas frente a posturas no-occidentales de resistencia colonial frontal (Makdisi, 2002: 768), dicotomía construida precisamente a partir de la tesis de Said sobre el Orientalismo. El caso de Turquía (así como el de Japón u otros países) muestra sin embargo una marcada resistencia nacionalista a las pretensiones colonizadoras europeas, a la vez que reformas de corte occidentalizador son defendidas precisamente bajo el argumento de que es el único modo de preservar la independencia respecto a Occidente (Bonnet, 2002). Estas visiones alternativas de modernidad desafían por un lado las tesis orientalistas que asumen un Occidente inherentemente desarrollado y superior, concibiendo esa hegemonía como algo temporal y circunstancial, pues determinadas naciones no occidentales también pueden alcanzar en un futuro igual o superior grado de progreso (ídem). Pero más allá de este cuestionamiento a las tesis del Orientalismo europeo, estos proyectos de construcción nacional terminan validando la lógica orientalista en tanto que reconocen y aspiran a un modelo de progreso de origen europeo y generan grandes categorías unitarias y esencializadas de Occidente (asociado con características cultural y moralmente indeseables que justifican el rechazo a su dominio) y de Oriente (un grupo de países inferiores a los suyos y que no se encuentran en disposición de alcanzar la modernidad). Así, Bonnet señala que estos modelos alternativos no occidentales de modernidad son resultado de la interconexión de nacionalismo, orientalismo y occidentalismo (p. 178)

Conclusión: el nacionalismo turco como resultado de ‘orientalismos imbricados’

Por todo lo anterior, queda patente la utilización del Orientalismo como discurso de dominación por parte del nacionalismo turco, un tipo Orientalismo adaptado, diferente del que es utilizado por las potencias europeas. El concepto de gradación de Orientalismos u Orientalismos imbricados, formulado inicialmente para el caso de los Balcanes occidentales por Bakiç-Hayden (1995), resulta tremendamente útil para describir este subtipo de discurso orientalista que sin duda es aplicable al caso turco, el cual presenta presenta tres características fundamentales (pp. 922-923). En primer lugar, el elemento divisorio no se construye tanto en torno a la situación geográfica sino en cuanto a la división temporal entre pasado (tradición) y presente (modernidad). En segundo lugar, se construyen nuevos conceptos de los “otros” regionales más cercanos en base a un esencialismo reduccionista, creando sus propios “Orientes”, más alejados de Occidente de lo que está la nación en cuestión; en el caso de Turquía, este proceso se aplica especialmente a las sociedades árabes anteriormente en la periferia del Imperio Otomano. En tercer y último lugar, también se produce un proceso de construcción de un “otro” orientalizado a nivel interno cuando éste se desvía del ideal nacional; este ha sido el caso en Turquía con la negación y discriminación hacia los kurdos.

En definitiva, el Orientalismo como discurso e instrumento de poder y hegemonía demuestra ser tremendamente flexible, siendo capaz de adoptar diferentes formas, pues su lógica subyace incluso en los discursos de aquellos sujetos y comunidades que pretenden combatirlo.

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Bibliografía

Bakiç-Hayden, M. (1995) “Nesting Orientalisms: The Case of Former Yugoslavia”, Slavic Review, 54 (4), 917-931.

Berkes, N. (1954) “Ziya Gökalp: His Contribution to Turkish Nationalism”, Middle East Journal, 8 (4), 375-390.

Bonnet, A. (2002) “Makers of the West: National Identity and Occidentalism in the Work of Fukuzawa Yukichi and Ziya Gökalp”, Scottish Geographical Magazine, 118 (3), 165-182.

Celarent, B. (2012) “Review: Turkish Nationalism and Western Civilization, by Ziya Gökalp”, American Journal of Sociology, 117 (5), 1556-1563.

Makdisi, U. (2002) “Ottoman Orientalism”, The American Historical Review, 107 (3), 768-796.

Rodríguez López, C. (2007) Turquía. La apuesta por Europa. Catarata.

Said, E.W. (2003) Orientalism. Penguin Books. [Publicación original: 1978].

Zeydanlıoğlu, W. (2008) “’The White Turkish Man’s Burden’: Orientalism, Kemalism and the Kurds in Turkey”, en Rings, G. & Ife, A. (eds.), Neo-Colonial Mentalities in Contemporary Europe? Language and Discourse in the Construction of Identities. Cambridge Scholar Publishing. pp. 155-174.

Alex Ciordia Morandeira

Doctorando en Sociología en la Universidad de Trento (Italia). Previamente, graduado en Derecho y Ciencias Políticas y máster en Estudios Árabes e Islámicos Contemporáneos, ambos en la Universidad Autónoma de Madrid. Ámbito de interés: política contenciosa, movimientos sociales, nacionalismos, sociología relacional, política de Turquía.

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