El Estado Catalán: 1931 y 1934. Cataluña en la Segunda República (III/III)

Por Manuel Galiano Saavedra y Daniel Becerra Fernández

Continuación de la segunda parte.

 

El Estado Catalán de Lluís Companys (Octubre 1934)

 

La sublevación originada en Cataluña contra el gobierno de la Segunda República tuvo como principal detonante la entrada en el gobierno radical de tres miembros de la CEDA, partido de derechas que actuaba como garante de la estabilidad política en España (Ruiz, 2008: 127 – 145). La noticia, difundida el 4 de octubre, de que se había permitido la integración en el gobierno a tres miembros de dicha formación política hizo pensar a muchas personas de izquierda que España se convertiría en un país bajo un régimen fascista similar a los implantados en Alemania e Italia, o bien que supondría la vuelta de la monarquía. Los principales focos de insurrección fueron sectores de la izquierda radicados en Asturias, Cataluña y Madrid. En Asturias, los acontecimientos desembocaron en una revolución socialista que acabó fracasando, mientras que en Madrid el desconcierto de la izquierda dio al traste con el movimiento antigubernamental. Es en este contexto en el que debemos enmarcar la proclama pseudoindependentista Companys.

 

Mientras en Madrid las fuerzas de izquierda armaban a sus partidarios para hacerse con el poder, en Barcelona ocurría lo contrario ante la firme oposición del Consejero de la gobernación de la Generalitat, Josep Dencás (1900-1965). El 5 de octubre la Alianza Obrera Catalana, sin el apoyo de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), consiguió parar la actividad laboral en Barcelona. Este hecho animó a Companys, a la sazón presidente de la generalitat desde la muerte de Francesc Macià, a proclamar el Estado catalán (que no república, como había hecho Macià el 14 de abril del 1931) dentro de la República Federal de España. La proclama expuesta desde el Palau de la Generalitat suponía la ruptura de los lazos con el gobierno de la Segunda República hasta que la derecha no abandonase el poder, y decía así:

 

Catalanes: Las fuerzas monarquizantes y fascistas que de un tiempo a esta parte pretenden traicionar a la República han logrado su objetivo y han asaltado el poder. Los partidos y los hombres que han hecho públicas manifestaciones contra las menguadas libertades de nuestra tierra, los núcleos políticos que predican constantemente el odio y la guerra a Cataluña, constituyen hoy el soporte de las actuales instituciones (…).


En esta hora solemne, en nombre del pueblo y del parlamento, el gobierno que presido asume todas las facultades del poder en Cataluña, proclama el Estado Catalán de la República Federal Española, y al establecer y fortificar la relación con los dirigentes de la protesta general contra el fascismo, les invita a establecer en Cataluña el gobierno provisional de la República, que hallará en nuestro pueblo catalán el más generoso impulso de fraternidad en el común anhelo de edificar una República Federal libre y magnífica.

 

Esta proclama presenta un carácter más anticonservador que separatista, lo cual es entendible si recordamos que Companys había sido el representante de la facción más federalista de ERC. Resulta reseñable que Companys legitime su actuación con el argumento de que la República ha caído en manos de sus enemigos, situación que ha motivado la creación de un gobierno republicano español “legal” en Cataluña. No se busca una ruptura total con España, pero si con un gobierno que no coincide con su ideología política de izquierda y autonomista. Companys antepone la ideología de una Cataluña fuerte en una España fuerte, si bien en mucha menor media que en los orígenes del catalanismo y los tiempos de hegemonía de la Liga Regionalista.

 

La consecuencia directa de la proclama efectuada por Lluís Companys fue la respuesta de la guarnición del ejército establecida en Barcelona (Ucelay 1982), que logró hacerse con el control de la ciudad en pocas horas. Al mando de esta guarnición se encontraba el Capitán general de Cataluña Domingo Batet, un nacionalista catalán moderado y fiel al régimen republicano establecido. Batet había recibido instrucciones directas del presidente del gobierno de la República, A. Lerroux, quien le ordenó el establecimiento del Estado de guerra, así como hacerse con el control de la situación en Cataluña. Batet llevó a cabo su cometido con gran eficacia  y delicadeza, resultando un saldo final de tres muertos en la ciudad condal. Tras algunos percances, las tropas de la República alcanzaron la plaza de Sant Jaume, donde Batet pudo parlamentar con el líder de los Mossos d´Escuadra (Ruiz, 2008: 127 – 145). Tras el fracaso de las negociaciones comenzó una lucha de cinco horas durante las cuales los cañones del ejército dispararon contra la sede del gobierno catalán. El resultado final fue la rendición del coronel Frederic Escofet y sus hombres, quienes fueron hechos prisioneros. Otra de las causas directas del fracaso de la rebelión fue el abandono de la causa por parte de la Alianza Obrera Catalana, que rápidamente se echó atrás al ver que la acción no era secundada por otras formaciones obreras. Domingo Batet obtuvo grandes reconocimientos del gobierno de la Segunda República por sus servicios a España, lo que no le libraría de ser fusilado por el régimen franquista tras el estallido de la Guerra Civil.

 

La sublevación catalana concluyó con la victoria del gobierno de la República el día 7 de octubre y sin apenas muertos. Los principales responsables de este levantamiento, el presidente de la generalitat Lluís Companys, y el alcalde de Barcelona Carles Pi i Sunyer, fueron  recluidos junto a otros detenidos en el barco Uruguay, fondeado en el puerto de Barcelona y que hizo las veces de prisión provisional. Tras esos sucesos, fue decretada la suspensión de la generalitat de Cataluña (que no suprimida, como muchos habían deseados) aunque en el año 1936 volvería a ser presidida nuevamente por Lluís Companys. Tras la insurrección de octubre de 1934 fue establecido en Cataluña un gobierno militar de carácter temporal, retornando todas las competencias que había ostentado la generalitat nuevamente a manos del Estado (Iñigo, 2010: 241 – 245).

Cabe destacar que la sublevación no sólo tuvo lugar en Barcelona. Algunos municipios catalanes secundaron la proclama. Otros, como Manresa y Villanova i la Gertrú, proclamaron la República Socialista Ibérica al tratarse de poblaciones con una gran presencia de la clase obrera. La mayoría de los detenidos por participar en la sublevación contra el gobierno republicano fueron funcionarios y personas ligadas a ayuntamientos o la generalitat, siendo significativamente menor el número de obreros.

En total la sublevación del Octubre de 1934 en Cataluña tuvo un resultado final de cuarenta y tres muertos, buena parte de los cuales sin una relación directa con las fuerzas políticas enfrentadas.

 

Companys y los demás detenidos fueron llevados ante un Consejo de guerra, el cual impuso a Companys una condena de treinta años de cárcel. En su defensa, Companys declaró que su actuación no fue separatista, sino que luchaba contra las fuerzas “inmovilistas” que se habían hecho con el control del gobierno republicano. La condena inicialmente impuesta a Companys quedó finalmente limitada a 17 meses de cárcel tras la victoria electoral del Frente Popular en Fenbrero de 1936, y que supuso el indulto para Companys y sus colaboradores. Este acontecimiento significó además su vuelta a la presidencia de la generalitat. Durante los meses de gobierno del Frente Popular, Companys llevó a cabo una labor legislativa encaminada a continuar con los proyectos estancados durante el periodo del gobierno radical-cedista.

 

Cataluña ante el estallido de la Guerra Civil.

 

Con el estallido de la Guerra Civil Española en Julio de 1936, se produce un gran acercamiento del gobierno catalán con el gobierno de la Segunda República fruto de la existencia de un enemigo común. La derrota republicana en la guerra motivó el exilio de Companys, que primero partió al antiguo condado del Rosellón y posteriormente a París, en donde trabajó en la representación de la generalitat en el exilio. Capturado por las tropas alemanas tras la rendición de Francia, Adolf Hitler dictaminó su entrega a Franco en octubre de 1940 (Benet, 2005). Tras Consejo de guerra, Lluís Companys fue fusilado en el Castillo de Montjuic el 15 de Octubre de 1940. Paradojas del destino, el mismo lugar en el que años antes había sido también fusilado su rival en la sublevación de Octubre de 1934, el general Domingo Batet, éste último por su lealtad a la Segunda República (Iñigo, 2010).

 

Conclusiones

 

A lo largo de los artículos que hemos presentado en este espacio, hemos podido extraer una serie de conclusiones que nos gustaría enumerar a continuación:

En primer lugar, el cambio político acaecido en Cataluña en la fase final de la Monarquía borbónica y durante la Segunda República, que supuso que los nacionalistas conservadores de carácter autonomistas fueran sustituidos como principal fuerza política en Cataluña por ERC, un partido de carácter izquierdista republicano y separatista o federalista. La mejor prueba de esta nueva tendencia política la encontramos en las elecciones del 14 de abril de 1931, que dieron a ERC el ayuntamiento de la ciudad condal.

En segundo lugar, que entre los intereses de ERC como partido durante la Segunda República no se encontraba la independencia de Cataluña. Al menos no de manera ferviente, como demuestran las proclamas pseudoindependentistas de los años  1931 y 1934 que no persiguen una ruptura definitiva con España. Dentro de Esquerra Republicana encontramos dos facciones bien diferenciadas: una más favorable a la independencia y otra más federalista. El estudio de respuesta popular ante las proclamas de Frances Macià y Lluís Companys permite observar que el pueblo catalán no estaba mayoritariamente interesado en la independencia. En la primera proclama se acordó un acuerdo con la República hacia un encaje de Cataluña como una comunidad autónoma. En la segunda proclama el apoyo del pueblo catalán fue mínimo. Sólo defendieron al Estado catalán los Mossos d`escuadra, mientras que muchos pueblos catalanes el apoyo a la sublevación contra el gobierno de la Segunda República tuvo más un carácter revolucionario que independentista, llegándose incluso a proclamar la República Socialista Ibérica.

 

En tercer lugar, podemos afirmar que la figura de Frances Macià encarnaba al republicanismo en Cataluña, de ahí que sus acciones políticas fuesen respaldadas por el conjunto de la población y que su pensamiento político influyera de forma decisiva en la elaboración del Estatuto de Nuria (1931). Pese a que un buen número de artículos de dicho estatuto fueron posteriormente enmendados en las Cortes, salió adelante un proyecto autonomista apoyado por el conjunto de la sociedad catalana y resultó un gran éxito para el presidente del gobierno de la República, Manuel Azaña.

 

Podemos observar que durante todo el periodo de la Segunda República se producen diversos ensayos en cuanto al encaje de Cataluña en el conjunto del Estado.  De ahí que en un principio, tras la caída de la monarquía, se estableciera a Cataluña como una república confederada con los demás pueblos ibéricos, que posteriormente se crease un estado “integral” en el que Cataluña se acomodase como comunidad autónoma, seguido por la autoproclamación de un Estado federado catalán y, como culminación, la suspensión de la autonomía catalana en cumplimiento del modelo de Estado que perseguía la CEDA.

 

Podemos afirmar, por tanto, que fue bajo el periodo de la Segunda República cuando tuvo lugar por vez primera la experiencia del autogobierno en Cataluña. Una experiencia que permitió el nacimiento de un modelo autonómico catalán, seguido posteriormente por otros movimientos autonomistas de España, como el gallego o el andaluz, pese a tener unos componentes identitarios muy distintos.

 

No obstante, el camino autonomista de Cataluña tuvo un final abrupto merced al ascenso del régimen franquista con la Guerra Civil Española (1936-1939), que supuso además la represión sistemática de toda manifestación del catalanismo. Superada la Dictadura, el regreso de la democracia a Cataluña con la Transición Española (1977) posibilitó el establecimiento de un nuevo Estatuto de autonomía, con amplias atribuciones para el gobierno catalán, así como el desarrollo de movimientos nacionalistas muy fuertes liderados por partidos como Convergència i Unió (CiU). Como partido nacionalista conservador y no declarado abiertamente independentista, CiU supo liderar la escena política de una Cataluña en democracia, relegando a un papel secundario a otros partidos catalanes tradicionales como Esquerra Republicana de Catalunya (ERC).

 


BIBLIOGRAFÍA:

 

ALBACETE Ezcurra, J.E.: El estado integral de la Segunda República. Murcia. Nausícaä. 2006 

BENET, J.: Lluís Companys, presidente de Catalunya fusilado. Barcelona. Península, 2005.

Documental: 14 d’abril, Macià contra Companys. 

IÑIGO Fernández, Luís E.: Breve historia sobre la Segunda República Española. Madrid. Nowtilus. 2010.

FERRER, X.: Francesc Macià vist per Joan Alavedra. Reus. Revista del centre de lectura de Reus. 1995.

MOLAS, P: Manual de Historia Moderna. Barcelona. Ariel. 1993 

RUIZ, D.: Octubre de 1934. Revolución en la República Española. Madrid. Síntesis. 2008.

UCELAY DA CAL, E.: La Catalunya Populista. Imatgen, cultura y politica en l`etapa republicana 1931 1939. Barcelona. La Magrana. 1982.

Recurso Web: http://www.parlament.cat/web/parlament/galeria-presidents/companys

 

 

 

 

 

 

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