La unidad y variedad del español

 

Por Pedro Yuste Gallego

 

A día de hoy resulta indiscutible que el español es una de las lenguas más importantes del mundo. No en vano, es el segundo idioma que cuenta con mayor número de hablantes nativos y el tercero si consideramos los totales, además de la tercera lengua en producción de información y por presencia en Internet. Por otra parte, es lengua oficial de la Organización de las Naciones Unidas y de la mayoría de organismos internacionales, como la Unión Europea, la Unión Africana, Mercosur o casi todas las asociaciones de ámbito deportivo, entre otras muchas. Su futuro, además, también es prometedor. Gracias al creciente peso geopolítico de los países de América Latina y al avance progresivo del idioma sobre Estados Unidos, su valor económico y cultural se consolidan al alza y otorgn al español una posición destacada entre las lenguas más influyentes del momento, lo que motiva que cada vez más personas decidan estudiarla.

Una de las grandes fortalezas que ha hecho posible tamaña batería de virtudes es su unidad, que se ha descubierto como una de las bazas principales de la lengua. A pesar de ser un idioma presente en varios continentes, los hablantes de español no encuentran dificultades para comunicarse entre sí de forma plena, dondequiera que se hallen o cualquiera que sea su procedencia. Evidentemente, este hecho no contradice que existan un sinfín de variedades dialectales con características fonológicas, morfológicas, sintácticas y léxicas propias, pero demuestra que las diferencias fundamentales no son determinantes para impedir la inteligibilidad mutua, pues existe una lengua estándar (Areiza, 2004:69), que en el habla culta (o educada) se vuelve casi uniforme, que actúa como base común para los hablantes más allá de las características dialectales concretas. A priori se podría llegar a pensar que esta universalidad es común a todas las lenguas, pues otros grandes idiomas como el inglés o el francés gozan de la misma ventaja, pero la situación se esclarece al contrastar este hecho con el de otras lenguas nada desdeñables, como el alemán, que posee una inteligibilidad entre territorios mucho más reducida pese a su mayor proximidad geográfica.

En cualquier caso, aunque la escolaridad contribuya a nivelar las diferencias dialectales, tanto mediante la imposición como mediante la exposición a la variedad escrita, esta labor sería infinitamente más difícil sin el esfuerzo de la Real Academia de la Lengua (y del resto de academias nacionales asociadas) por regular y promover una variedad uniforme (Silva-Corbalán, 2017:15), cuya gramática se enseña. De hecho, el ánimo por preservar la unidad de la lengua española está incluso presente en sus estatutos fundacionales (RAE, 1993:9): “La Academia es una institución con personalidad jurídica propia que tiene como misión principal velar porque los cambios que experimente la lengua española en su constante adaptación a las necesidades de sus hablantes no quiebren la esencial unidad que mantiene en todo el ámbito hispánico”. Y, de nuevo, este empeño por construir una norma común vuelve a relucir si se pone en contexto, pues existen lenguas como el catalán-valenciano o el serbocroata que han elaborado estándares diferentes en obediencia a discrepancias más políticas que lingüísticas. Por otro lado, aunque en esta misma línea, los países de habla portuguesa, representados por la Academia de las Ciencias de Lisboa y la Academia Brasileña de Letras, no pudieron alcanzar un acuerdo por una ortografía unificada hasta 1990.

La postura de humanistas como Andrés Bello (Urrutia, 1992:260-262) contribuyó de manera inestimable al hecho de que en el caso del español no se diese un fenómeno de independencia lingüística asociado a la independencia política de las entonces colonias americanas. Asimismo, es digno de mención que no exista en español, ni haya existido nunca, una norma uniformadora radicada en el dialecto o pronunciación de un lugar concreto que haya funcionado como paradigma para el desarrollo sociocultural de la lengua (Frago, 2001:6)[1]. Dicho de otro modo, las variedades propias de España son aceptadas y apreciadas en América de la misma manera que las diferentes variedades americanas lo son en España. Y esta manera de entender la diversidad hace impensable que una persona modifique su registro regional materno para adecuarlo a una presunta norma oficial en determinados contextos formales, como sí que ocurre con el portugués central de Portugal (Frago, 2001:6). En español, aunque a menudo los hablantes alteran su pronunciación cuando se encuentran con un grupo de personas que se expresan en una variedad diferente, este comportamiento se explica mejor como fenómeno sociológico que en términos de subordinación a un estándar.

A modo de conclusión, el trabajo encomiable que desarrollan instituciones como el Instituto Cervantes y las diferentes Academias de la Lengua, unido al firme compromiso político de los gobiernos de Hispanoamérica por mantener e incluso reforzar los lazos que nos ligan a ambos lados del Atlántico, hacen imposible prever una fractura de la lengua española a corto plazo y no dejan tampoco atisbo de síntomas que alerten de lo contrario en un futuro. Nadie parece discutir que uno de los principales tesoros que tenemos los hispanohablantes es la enorme riqueza y tradición de una lengua y una literatura comunes que, en conjunto, debemos esforzarnos por promover y conservar.

 

Bibliografía

  • Areiza Londoño, Rafael (2004) Sociolingüística: Enfoques pragmático y variacionista. ECOE Ediciones, Bogotá.
  • Frago Gracia, Juan Antonio (2001)El español entre España y América: causas históricas de su unidad. Ponencia en el II Congreso Internacional de la Lengua Española “Unidad y diversidad del español”, Valladolid, 16-19 de octubre de 2001.
  • Real Academia Española (1993)Estatutos y Reglamento de la Real Academia Española, Madrid.
  • Silva-Corvalán, Carmen (2017)Sociolingüística y pragmática del español. Georgetown University Press, Washington DC.
  • Urrutia Cárdenas, Hernán (1992)Andrés Bello: La unidad y variedad del español. CAUCE 14-15, Centro Virtual Cervantes.

[1] Aunque es cierto que en todas las variedades existe el caso de hablas que han gozado de una mayor preeminencia en virtud de un mayor prestigio social o económico (como podrían ser las de Madrid o Bogotá, por ejemplo), pero esto resulta inevitable.

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